Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Si los hombres hablasen

La marea morada violeta toma el centro de València por el 8M

La marea morada violeta toma el centro de València por el 8M / L. Camporro

Me cuestiona una buena amiga, Inmaculada López, sobre la actual situación de violencia que sufre la mujer y me plantea, con razón, ante la pasividad que observa por la falta de solidaridad y comportamiento de muchos hombres, cuál sería la situación, si los hombres hablasen. Me sabe próximo a su preocupación, y le avanzo que hoy ya no se puede, o no se debe, ser espectador impasible. Ha llegado, el momento en el que los ciudadanos indignados ante la violencia, de todo tipo, ejercida, principalmente, contra la mujer, debemos manifestarnos. Los hombres, no podemos dejar pasar, por más tiempo, nuestra oposición frontal ante todo ese tipo de actitudes que afectan a lo más profundo de nuestra conciencia.

No somos apenas unos cuantos, sino muchos miles que queremos hacer oír nuestra voz ante la vergüenza social que suponen las muertes dramáticas, menosprecios, y abusos sexuales, de todo tipo, contra las mujeres. No se puede ignorar nuestra responsabilidad cuando se tiene la obligación moral de hacerlo. Los hombres, causantes habituales de tales comportamientos, somos los primeros que tenemos que hablar para denunciar tales hechos, rechazarlos y eliminarlos de nuestra sociedad. Los políticos, democráticamente elegidos, tienen que recoger el sentir popular de sus representados para impedir que esta situación continúe produciéndose.

La sociedad debe manifestarse con mayor claridad y rotundidad ante una lacra social que nos desmerece y rebaja nuestra condición humana. Estamos invitados a no resignarnos. La responsabilidad de nuestros representantes en las instituciones públicas alcanza también a los electores, para no limitamos a dejar únicamente en sus manos el futuro que a todos corresponde. No podemos quejarnos solo de los políticos que nos representan, sino que debemos hacer oír nuestra voz, alta y clara, ante las tragedias que nos rodean. Como dijo el poeta, Blas de Otero, aunque hayamos perdido el tiempo, andando entre sombras de silencio, nos queda la palabra.

Rompamos el silencio, estamos convocados a no resignarnos, opinar con libertad y alzar la voz en favor de una sociedad socialmente justa. La confianza en el género humano debe acompañarnos ante las dificultades que nos acechan. Se trata de una apuesta decidida por la esperanza, con la mirada puesta en el reconocimiento de la dignidad de cada cual, como persona y como colectivo, responsable de nuestro destino. No cabe permanecer en silencio cuando se está en situación privilegiada respecto a quienes no pueden hacerlo, y se tiene, por tanto, más responsabilidad por ello.

Ha llegado el momento en el que, los ciudadanos, los hombres en particular, tomemos entre las manos la responsabilidad que nos corresponde y hagamos sentir la voz de nuestro compromiso. El tiempo del silencio ha concluido. Ya antes, Martin Luther King, había advertido sobre el silencio escandaloso de las buenas personas ante los desequilibrios sociales, y entre ellos, de los más graves, la vergüenza por la sucesión de asesinatos, comentarios y ultrajes contra las mujeres.

Alejandro Mañes es Licenciado en Ciencias Económicas y Derecho

Tracking Pixel Contents