Opinión | En el barro
Se nos está quedando un mundo...
Siempre ha habido bárbaros, pero al menos el sistema sigue funcionando, nos sigue protegiendo. Eso piensas. Y que no ha sido tan mal año. No ha habido ninguna gran tragedia colectiva, quizá por corrección matemática simple

Un joven hace un selfi ante el árbol de Navidad de la plaza del Ayuntamiento de València. / Germán Caballero
La misa del gallo ya no es a medianoche. Ni siquiera en el Vaticano. En el barrio, el cura hace ya unos cuantos años que decidió seguir los ritmos de los feligreses, cada vez más mayores, y evitarles una salida a las tantas. La da a las 8, como otro festivo cualquiera, así que en la plaza se mezcla el rumor de la liturgia con los preparativos de las cenas paganas, bien provistas y festivas según la última costumbre. La capacidad de adaptación es la primera regla de la supervivencia y la Iglesia siempre ha sabido de ello.
Una pareja muy joven se abraza y se da los primeros besos en un banco. Cuando no te importa el frío y te tiene sin cuidado lo que vayan a decir las noticias o el mensaje del rey es que has alcanzado un mínimo grado de felicidad. Ellos no lo saben, pero es así. Sientes la tentación de advertírselo, que disfruten los días y sepan que esta tarde están creando un recuerdo que les asaltará dentro de 30 años. Que a saber lo que les espera en la vida, pero que ese primer fogonazo de felicidad completa es imborrable.
Estás con una sonrisa tonta cuando suena una alerta de esas de las noticias urgentes. Cada cierto tiempo salta alguna. Han procesado al alcalde de Badalona, lees, por dejar sin atención a los extranjeros (pobres) que echó de un instituto abandonado e intentar expulsarlos de la ciudad. Siempre ha habido bárbaros, pero al menos el sistema sigue funcionando, nos sigue protegiendo. Eso piensas. Y que no ha sido tan mal año. No ha habido ninguna gran tragedia colectiva, quizá por corrección matemática simple, porque el año anterior sumamos dos, y el presidente que no estuvo y que mintió acabó yéndose a su casa. La voz de la calle sigue sirviendo, aunque la democracia haya cambiado.
Es un buen síntoma al que agarrarse, porque hay problemas tras la riada, sí, pero no todo es negativo. Las administraciones se han puesto las pilas y están empezando a cambiar cosas. Ya no se urbaniza donde no se debía. El ansia depredadora se ha amansado. Hubo tentaciones de actuar rápido y (re)construir sin más, pero el diálogo sereno entre el Gobierno de España y el de aquí prosperó y hay ahora planes rigurosos para cambiar el modelo de desarrollo.
Y también el de producción, menos atado a un sector servicios en perpetua competencia por los precios más bajos. El objetivo ahora es que los beneficios no se asienten sobre la precariedad de muchos. Los salarios lo han empezado a notar y se comienza a cerrar la grieta de la desigualdad. También la que nos separa de otros territorios de España. Incluso ya estamos en la media estadística. También porque se ha resuelto por fin el lastre histórico de la financiación autonómica con un acuerdo que no es el mejor, pero al menos garantiza unos ingresos justos para sanidad, educación y servicios sociales, y poder dedicar así inversiones a transformar el sistema productivo.
Y todo deberá ir mejor ahora que ha empezado a funcionar el corredor mediterráneo. No hubo retrasos y ha empezado a operar. Por fin una gran infraestructura ferroviaria que evita el centro, que se sale del modelo en estrella y une puntos por la orilla del mapa, que podrá así ser quizá otro centro. Ha costado. Demasiado. Incluso hubo un último intento de retraso por no sé qué problema con los trenes, pero al final prevaleció el calendario fijado. Se impuso la seriedad.
Ha pasado algo parecido con la vivienda. Ha imperado la lógica, la Administración ha empezado a regular y distribuir todo lo que había vacío, público y privado, y los precios del alquiler han empezado a racionalizarse. No es que sea la gran solución, pero algo ha empezado a cambiar.
Además, ahora que los ultras ya no tienen el mango de la sartén de la política y ha quedado bien claro que hay una mayoría que está dispuesta a hacer valer sus principios y criterios, los acuerdos son más fáciles y se empiezan a tomar decisiones de mayor calado, de profundidad. Por ejemplo, sobre la violencia de género, que empieza a abordarse con firmeza desde la educación.
Entre los radicales, el año acaba con Trump y Netanyahu fuera del poder. Lo del presidente estadounidense ha sido de película, aún está desaparecido, a saber en qué paraíso se esconderá después de su huida al verse acorralado por varios procesos judiciales: lo de Epstein, la toma del Capitolio, el cambio unilateral de la ley electoral…
El asunto palestino parece que entra en un camino de solución. Netanyahu perdió las elecciones y el nuevo Gobierno ha ido por la vía de la reconciliación y la aceptación de un Estado palestino en Gaza, que empieza a reconstruirse sin resorts ni inventos alocados. Ojalá pase lo mismo pronto con Putin y Ucrania pueda volver a la normalidad.
No está mal, te oyes decir con una media sonrisa. Se nos está quedando un mundo…
Notas una suave presión en el hombro. “¿Qué haces ahí, solo en la ventana? Espabila, que la cena ya casi está”.
No sabes qué decir. Ha sucedido algo raro. “Prefiriría quedarme un rato aquí, en esta ventana”, piensas. Pero te levantas mientras los últimos salen de la iglesia y se reparten un Feliz Navidad.
Suscríbete para seguir leyendo
- Confirmado oficialmente por la Generalitat: la Comunitat Valenciana recupera un festivo histórico en el calendario laboral 2026
- Los meteorólogos avisan y la Aemet confirma lo que llega a la C. Valenciana: temporal de nieve, lluvia y mala mar durante varios días
- Fallece el catedrático de Literatura José Luis Canet, pionero de las humanidades digitales
- Un hotel ilegal y múltiples pisos turísticos saturan el mítico Edificio Roca en València
- Muere Ricard Pérez Casado, exalcalde de València
- La Aemet notifica un cambio de tiempo en Valencia y pone fecha al regreso de las lluvias
- La Policía investiga el suicidio de un niño de 9 años en Navidad en un municipio de Valencia
- El ayuntamiento rectifica y permite la celebración de un acto de la Semana Santa Marinera
