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Opinión | Obituario

Delia, la guardiana en los tiempos afilados del Levante

Con Delia Bullido cambió la relación del Levante UD con la prensa en los años de expansión del club granota: El casi ascenso de 2003, con Mijatovic y compañía, y un año después, por fin, el ascenso de Jerez, vivido como una liberación colectiva. En el recuerdo queda especialmente aquella pretemporada luminosa en Biescas en el regreso a Primera División

Delia Bullido, en una rueda de prensa del Levante UD, con Iborra y Rubén.

Delia Bullido, en una rueda de prensa del Levante UD, con Iborra y Rubén. / ED

Los caminos de los periodistas que seguimos los pasos del Levante UD de Pedro Villarroel se cruzaron con el de Delia Bullido en 2001, cuando el entonces copropietario del club la nombró jefa de prensa aprovechando el nuevo vínculo con Buñol a raíz de la construcción de la Ciudad Deportiva, en aquellos años en los que el club empezaba a transformarse. Eran otros tiempos, sin WhatsApp ni redes sociales, de relaciones más cercanas, cuando las llamadas de teléfono eran la vía habitual de comunicación. Su presentación fue así, cercana y directa: un telefonazo al periódico para presentarse y, de paso, echar la primera bronquita cariñosa a raíz de una información sobre la relación del dueño club con Buñol, su pueblo.

«Directa» es una buena palabra para definir a Delia Bullido, la sucesora de Nacho Ortega, durante aquellos años intensos del levantinismo. La ‘era Villarroel’, palabras mayores en la historia del club decano, turbulenta y llena de altibajos, solo que antes de aquello apenas había periodistas con los que discutir. Su llegada marcó un antes y un después en la relación del club granota con la prensa, porque fue el tiempo de la explosión definitiva hacia las ambiciones marcadas por don Pedro. La cuestión es que el Levante UD pasó, por fin, a ocupar portadas y a abrir las secciones de deportes en los periódicos. Y Delia fue la primera mujer que ejerció de responsable de prensa en Primera División.

Aquella nueva jefa de comunicación, dura y temperamental en el trato, en un periodismo deportivo entonces reservado casi en exclusiva a hombres, con contadas excepciones, nos marcó de cerca, siempre desde una profesionalidad admirable.

Delia, a la derecha, en un 'canutazo' en Buñol con Jesús Serna.

Delia, al fondo, dirige un 'canutazo' a Jesús Serna en Buñol, en 2008. / José Aleixandre

Con Delia llegaron años muy densos, de esos que te dejan huella en esta profesión. El casi ascenso de 2003, con Mijatovic y compañía, y un año después, por fin, el ascenso de Jerez, vivido como una liberación colectiva. En el recuerdo queda especialmente aquella pretemporada en Biescas, luminosa, casi ingenua, donde el fútbol y la vida —al menos en mi caso— iban de la mano. Empezaron los viajes a los campos de Primera, aún tiempos boyantes para el periodismo: vuelos, hoteles y cientos de entrenamientos compartidos con los Vicent Grau, Carlos Ayats, Valldecabres, Andrés Huerta, Belda, Tamarit, Pedro Zamora, Jordi Ferrer, Susana Alberola, Chimo Masmano… y con Delia, que tuvo que torear con todos y con todo: descensos, ventas de ficción como a aquel esperpéntico grupo de Tomelloso y la ruina del club que acabó en proceso concursal.

Había tirones de orejas a los periodistas, sí, de esos cariñosos que solo existen cuando hay respeto. Luego llegaron otros tiempos, más ásperos, pero ahí siguió ella, al pie del cañón, sosteniendo el día a día con una lealtad silenciosa que no siempre fue reconocida.

De aquellos años afilados del Levante UD nos quedan los recuerdos pequeños, los que ahora hacen sonreír con un nudo en la garganta: las riñas por no haberte acreditado a tiempo, las prisas para una entrevista o el estrés previo a los partidos importantes. Y siempre su sonrisa final, un cigarrito que compartir y evocaciones especiales de aquellos viajes, como el de Santander, con Manuel Preciado ejerciendo de anfitrión en un hotel señorial previo a una buena noche de fiesta sana.

Pasan los años y el contacto con muchas personas casi desaparece. Pero el cerebro activa un proceso misterioso cuando alguien se va: los buenos momentos compartidos se actualizan como si hubieran ocurrido hace un instante, unas horas como mucho.

No se va solo una compañera, se va mucho más. Se va un trozo grande de lo que fuimos.

Gracias por aquellos años, Delia.

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