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Opinión

València

Conscientes

Imagen de archivo de relojes.

Imagen de archivo de relojes. / Unsplash / Jon Tyson

Imbuido en la maraña de preocupaciones que se acumulan a diario, conduce en silencio sin percibir música ni conversación alguna escupida por la radio. Inconsciente, controla el volante durante al menos veinte kilómetros hasta que tiene que incorporarse a un ramal del que sale un coche fúnebre, con su largaría, solemnidad y pesadumbre. Las dudas de ambos cuasi acaban en un accidente y él, inconsciente (no como sinónimo de irresponsable sino de autómata) reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la volatilidad. El miedo es el futuro interviniendo en el presente. Los adultos toman entre 30.000 y 35.000 decisiones cada día, la mayoría automáticas o poco conscientes.

Pasan los años vertiginosamente rápido. Hay un tiempo vivido conscientemente que se opone cuasi frontalmente al tiempo cronológico, el que marca la dictadura del reloj y que es inequívocamente cuantificable. El primero, sin embargo, baila. Se moldea según la consciencia y el alimento que reciba. Lo experimenta Hans Castorp, el personaje de “La montaña mágica” de Mann, cuando se recluye en el sanatorio. Es allí donde su interior vive o, mejor dicho, revive. Lejos del ruido renace la consciencia.

Tomar consciencia de lo que está ocurriendo da la sensación de ralentizar el tiempo. La teoría de la relatividad habla de la dilatación del tiempo debido a una diferencia de velocidad relativa entre varios sujetos o por su situación diferente en relación con un campo gravitacional. El tiempo funciona diferente, como nos enseñó Einstein. Consciencia, recuperación de la autonomía. El neurocientífico David Eagleman estudió que la rutina (asesina de la sensibilidad) a la que sometemos nuestros días nos hace menos conscientes del paso del tiempo, provocando que la percepción es que pase más rápido. Además, existen conexiones neurales establecidas, lo que acorta la unión. La novedad obliga al cerebro a procesar nueva información, lo que ralentiza la sensación del tiempo. Cómo procesamos la información recibida define el tiempo.

No deberíamos esperar a que el cuerpo enferme para encontrar la consciencia y, con ella, valorar cada segundo. Parece que sólo la enfermedad es capaz de romper la normalidad, esa rutina, ese orden frenético. Parece que sólo la enfermedad es capaz de imponer pausa y escuchar lo silenciado. "La memoria es la esfera de niebla de un reloj que valora tan solo las horas cuando mueren. El tiempo que nos queda perdió su eternidad", versará Felipe Benítez Reyes.

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