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Opinión | Bombeja Agustinet!

Volver a sonreír en Orriols

Los futbolistas del Levante UD celebran un gol.

Los futbolistas del Levante UD celebran un gol.

Lo futbolístico, como lo escolar, se mide por cursos. El año natural agrupa el final de uno y el inicio de otro, y suele estar plagado de contrastes. Más si cabe para el Llevant UD, en plena transformación societaria y estructural. Con la trágica ‘Barrancà’ en la retina, el Llevant estrenó 2025 con un 0-0 en Cádiz, en mitad de la tabla pero con dos partidos aplazados. La progresión del equipo, cimentada sobre la regularidad en Orriols, permitió llegar a Burgos, junto a miles de levantinos, con opciones de ascenso directo. El final feliz, cristalizado con el ‘xufo’ de Carlos Álvarez sobre la bocina, mas un punto de fortuna en algunos partidos, confirmó aquel vaticinio de Calero («todo va a salir bien»), que no funcionó en Primera.

El ascenso representó una catarsis, tras unos años nefastos. Al frente de la mejor plantilla, Calero supo motivar al vestuario y al entorno para cambiar un ciclo de pesimismo. Y es que la coyuntura de la que se quería escapar era demoledora: salida de Quico y crisis económica; fracasado proyecto de resurrección deportiva tras el descenso de 2022 con malas decisiones encadenadas: Paco López, Pereira, Lisci, Miñambres, Nafti, Calleja… Y un guion propio de Alfred Hitchcock, con actuación estelar de Róber Pier y Asier Villalibre.

El míster, sin embargo, no pudo salvar un periplo errático por Primera, con alguna actuación esperanzadora, pero nueve puntos de 42 posibles. Y así, pasó en unos meses de la gloria del ascenso al calvario del farolillo rojo, de héroe a villano. Con todo este vaivén emocional, la parroquia granota, de acendrada inclinación a la melancolía y el abatimiento, vive esta realidad a medio camino entre la resignación y el estoicismo.

Y empezamos 2026. Confío en que Rodas, Gila y Danvila acierten con Luís Castro, destituido en el Nantes con unos números muy similares a los de Calero aquí. Seguro que la dirección deportiva le ha visto cosas que pronto nos admirarán. Se elogia su perfil formativo, que debería encajar en una filosofía deportiva de cantera y una identidad futbolística aplicable a toda la escuela, con la mirada puesta a medio y largo plazo. A sus 45 años (y con su escasa experiencia en la élite) desconozco si Castro estará dispuesto, desde la humildad, a crecer junto al club, ni si posee la inteligencia para adaptar su arriesgado credo futbolístico al perfil de esta plantilla, que se puede ajustar, pero no modificar, porque, ¡ojo!, el futuro es importante, pero la prioridad es la permanencia. Y para conseguirla será esencial sacar el máximo partido a estos futbolistas.

Los refuerzos invernales siempre son complejos, pero el Llevant acusa dos carencias obvias: apenas tiene jugadores de banda y muy pocos de creación. Y además, Morales, Losada, Pampín y Koyalipou están muy por debajo del rendimiento esperado, y el de Manu Sánchez en la izquierda despierta muchas dudas (quizá sea un problema de coberturas). Para que lleguen otras opciones, habrá que dejar espacio. Y no será fácil.

En todo caso, la salvación pasará porque Castro sea capaz de sacar la mejor versión de otros futbolistas que, por unos motivos u otros, tienen pendiente demostrar su potencial en Primera: Cabello, Álvarez, Oriol, Pablo, Iván, Brugué, Espí… Y, por supuesto, por devolver la ilusión a las gradas de Ca Orriols, que no han visto una victoria desde junio. Recuperar esa conexión es esencial. La casa del levantinismo tiene la capacidad de irradiar al césped una fuerza insólita, a poco que se le ofrezcan argumentos para creer. Volver a sonreír en los remozados escalones del Nou Estadi será la mejor noticia de todas. El camino pasa, de forma insoslayable, por devolver el brillo a los ojos de los miles de niños y jóvenes que abrigan este escudo.

Delia Bullido, DEP. Sabíamos que podía pasar, pero nadie quiere ni imaginar algo así. Nos deja Delia a los 49 años. Llevaba en el departamento de comunicación del Llevant UD casi un cuarto de siglo, desde 2001, y deja una huella imborrable en el levantinismo. Toda la fuerza del mundo a su marido, José, a sus hijos, Oliver y Delia, y al resto de familia y amigos. n

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