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Opinión | En el barro

València

Asumámoslo, esto va a ser lo normal

Toca acostumbrarse a las alertas ante un clima que nos hace más vulnerables, con fenómenos críticos más frecuentes y no estacionales ya. Es un incordio, pero es lo que hay para estar algo más seguros

Calle anegada por el agua el pasado domingo en l'Alcúdia.

Calle anegada por el agua el pasado domingo en l'Alcúdia. / Fernando Bustamante

Después del miedo vuelto a vivir este fin de semana, mi conclusión sobre el destronado Carlos Mazón es que un tipo con un innegable olfato político no supo oler el mundo que se nos ha venido encima a los que vivimos en la orilla del Mediterráneo. Quizá porque para captar esta cosmovisión hay que partir de la conciencia del cambio climático y eso suponía alejarse de la doctrina de aquellos a los que necesitaba como socios para gobernar.

Lo que no está pasando es que el calentamiento global se nos ha venido encima y estamos en proceso urgente de adaptación. Hace veinte años, a final de diciembre podía caer un temporal continuado, que acumulará en torno a 150 litros, pero ahora la tempestad deja más de 250 litros en pocas horas y con gran aparato eléctrico, lo que indica una elevada energía movilizada debido a esta atmósfera más caliente en la que respiramos.

Eso dice la ciencia. Y la consecuencia es que episodios extremos (extremadamente extremos como el de octubre de 2024 o sencillamente extremos como el de este fin de semana) pueden suceder ya en cualquier momento del año, no solo al final del verano o principio del otoño.

Y la consecuencia de ello es que toca acostumbrarse a las alertas ante un clima más peligroso, que nos hace más vulnerables, con fenómenos críticos más frecuentes y no estacionales ya. Es un incordio no poder llevar a los niños al colegio o cambiar agendas de trabajo, pero es lo que hay para estar algo más seguros.

Políticamente, asumir el nuevo tiempo debería ser entender que lo importante es la premura en las obras necesarias y que la persistente guerra verbal solo lleva a descreer de los actores políticos, reducidos a simples voceros de intereses partidistas.

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