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Opinión

El año que lo removió todo

Mazón, junto a una directora general de su Consell, en el funeral de Estado

Mazón, junto a una directora general de su Consell, en el funeral de Estado / Germán Caballero

Terminamos un año que lo cambió todo. Doce meses marcados por la tragedia de la dana de 2024, un golpe devastador cuyas consecuencias materiales y emocionales siguen muy presentes.

Desde esa conciencia, el Grupo Socialista en la Diputación inició 2025 aprobando el presupuesto con altura de miras, entendiendo el carácter excepcional del momento que atravesábamos. Negociamos un marco económico expansionista para ayudar más y mejor a todos los municipios, especialmente a los más golpeados por la tragedia.

Sin tacticismos ni cálculos partidistas, pusimos nuestra capacidad política al servicio de la ciudadanía. Ese esfuerzo permitió incrementar en 150 millones los recursos destinados a la reconstrucción, enviando un mensaje claro de responsabilidad institucional y compromiso con quienes más lo necesitaban.

Sin embargo, cerramos el año con una profunda decepción. El gobierno provincial ha sido incapaz de ejecutar de forma aceptable los recursos disponibles. No ha estado a la altura ni de la confianza depositada ni de la urgencia del contexto.

Pero no fue su único fracaso. Forzamos la creación de una comisión para analizar el papel de la Diputación durante el Cecopi del 29 de octubre de 2024. Queríamos saber qué ocurrió y, sobre todo, aprender para el futuro, porque el cambio climático volverá a ponernos a prueba con episodios extremos que algunos aún se empeñan en negar. Sin embargo, la comisión se cerró en falso, sin conclusiones útiles ni voluntad real de mejora.

Se evitó deliberadamente abordar las grandes cuestiones sobre las que la Diputación tiene competencias directas. No se presentó ninguna propuesta de refuerzo para el Consorcio Provincial de Bomberos, el principal instrumento de respuesta ante emergencias, pese a arrastrar carencias estructurales conocidas. Tampoco se aclararon las responsabilidades derivadas del retraso en el envío del EsAlert, pese a las graves acusaciones lanzadas por la exconsellera Paradas al exjefe operativo. Demasiadas versiones contradictorias, demasiados silencios y demasiadas ambigüedades.

Especialmente grave fue el funcionamiento del servicio de teleasistencia durante la dana, sobre todo para las personas más vulnerables, así como la ausencia de una advertencia previa eficaz. Un año después, lejos de despejarse, las dudas han aumentado. Resulta incomprensible que los nuevos pliegos del servicio ignoren cualquier mejora sustancial pese a las muertes registradas y a las deficiencias detectadas.

Nuestro grupo forzó un pleno extraordinario para abordar esta cuestión con vocación constructiva. La respuesta fue el desprecio institucional. El mismo que encontramos cuando exigimos afrontar seriamente el reto de la salud mental, cuando reclamamos un pleno anual sobre el estado de la provincia o cuando pedimos un plan estratégico que marque un rumbo claro. Iniciativas orientadas a construir una nueva agenda política frente a la rutina y la arbitrariedad.

Ha sido un año en el que se pudo llegar mucho más lejos. Había instrumentos, recursos y margen político que no han querido o sabido poner al servicio de la ciudadanía. 2025 será recordado como el año en que la Diputación protegió a Mazón hasta que las víctimas lo hicieron caer, y como el año en que se abusó de decisiones arbitrarias en la concesión de ayudas públicas.

Frente a ello, hemos defendido una Diputación útil, concebida como un verdadero espacio de cooperación intermunicipal, basada en criterios objetivos que refuercen la cohesión territorial y la igualdad de oportunidades. Ante la incomparecencia de un Consell negacionista, los socialistas hemos insistido en dos apuestas estratégicas para la provincia.

La primera, combatir la despoblación. No hay equidad posible sin condiciones que permitan retener talento joven y garantizar servicios públicos de calidad en el interior. La segunda, impulsar estrategias metropolitanas que sumen esfuerzos y mancomunen servicios para afrontar retos comunes como la movilidad, las emergencias, la vivienda o la lucha contra el cambio climático.

Estas propuestas buscan devolver a la Diputación capacidad de planificación y visión de futuro. Hay esperanza, pero no surge de la nada. Se construye desde el diálogo social, el municipalismo, hoy plenamente maduro, y el compromiso con una provincia más justa.

Este año también nos golpearon el machismo y la corrupción. Su carácter transversal no atenúa su gravedad. Al contrario, nos obliga a actuar con ejemplaridad, determinación y rapidez. Son lacras incompatibles con los valores socialistas.

En los próximos meses seguiremos ampliando el diálogo con la sociedad civil. Otra provincia y otra Diputación no solo son necesarias: son posibles.

Carlos Fernández Bielsa es portavoz socialista en la Diputación y secretario General del PSPV en la provincia de Valencia.

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