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Opinión

Metamorfosear

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente estadounidense, Donald Trump

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente estadounidense, Donald Trump / OFICINA DEL PRIMER MINISTRO ISRAELÍ

El 2025 ha sido largo, para algunos países larguísimo, y el 2026 no tiene mejores expectativas. Dejemos lo concreto elevando un poco la mirada reflexionemos. Aquello que creímos consolidado como sociedad, da muestras de desmoronamiento, amenazando derechos costosamente alcanzados, mientras se deslizan pensamiento y praxis política hacia formas de opresión excluyentes.

La historia enseña que los periodos de transición son convulsos, y hasta ahora, fueron superados con avances sociales. ¿Será así ahora? La civilización (occidental) se está metamorfoseando, sus principios fundamentales son atacados, si no destruidos, sin entrever todavía por qué serán sustituidos, lo que causa temor natural a lo desconocido. Es importante ser conscientes si no queremos ser arrollados de facto.

El salteño Antonio Gutiérrez recién publicó en Juana Manuela Editorial un interesante libro, La sociedad posthumana, donde este profesor argentino, acertada y crudamente, da su visión de la actual metamorfosis social. Les expondré unas primeras pinceladas de la mía.

La globalización es un hecho indubitable que, afectando a las personas directamente y en todo, no ha sido interiorizado, ni sus consecuencias positivas o negativas armonizadas y reguladas. El insulto grotesco diario; la negación de ciencia y verdad; amenazar y crispar; son medios de expresión política que imposibilita acuerdos para avanzar. Hay un deterioro evidente en ética y estética política gubernativa o no; se miente sin recato, sin disimulo y sin consecuencias. Algunos prometen bajar una luna de Marte para enriquecer a todos sin excepción y demasiados les creen. Falsamente se construyen relatos que justifican tropelías, logrando que una minoría amenazante les apoye y la mayoría callen.

Esa indiferencia, voluntaria o forzada, de una mayoría de personas que prefieren mirar a otro lado, o buscar alguna endeble justificación evitando reaccionar ante las amenazas, no soluciona sino agrava el problema. Es peligroso perder un solo avance social, pues no será el único y ninguno fue regalado. Esta apatía social, no es fruto del cansancio o agotamiento de la civilización, sino del esfuerzo machacón y manipulador de una élite que pretende saquear la globalidad de bienes universales.

Esta élite depredadora y amoral, destruye lo que no se les subordina. Lo vemos en su desprecio a las leyes y al multilateralismo, en las guerras; el ataque sistemático a los medios de comunicación libres; pero sobre todo en la parafernalia de sus actos públicos como hipérbole esperpéntica y contraria a la pulcra decencia. No quiero imaginar en privado, solo diré un nombre: Jeffrey Epstein. Amasan y usan ingentes cantidades de dinero para lograr sus objetivos rapiñadores. Compran voluntades ayudados por corrompidos lacayos mentales. No les importa la vida o muerte de millones de personas afectadas por sus actos.

Casi nadie nos conformamos con ser lo que somos, que normalmente es nada. Imaginamos ser más guapos, inteligentes y principales que otros. Este egocentrismo es la puerta abierta a la adulación interesada que hace creer cualquier mentira como verdad revelada. Si además sibilinamente sugieren que seremos más importantes y ricos que los demás, no solo les creemos, sino que les ayudaremos a difundirla entusiasmados.

Llevan un siglo atacando e intentando destruir la familia como red social primaria. Interesa el individuo solo. Desnorta la eliminación del hecho religioso, no solo como cuestión de fe, sino como fundamento histórico, ético y moral sobre el que se construyeron y sostienen nuestras sociedades. Atacado y destruido sin sustituirlo por un humanismo fortalecido, sino armando un idolátrico paganismo. Dios desaparece opacado por cínicos poderosos y ultrarricos que sueñan con su inmortalidad. Se eliminan las culturas autóctonas reemplazándolas por una uniforme, universal, indefinida, fantasiosa y televisiva. El humano sin raíces familiares, culturales y religiosas, es un gregario indefenso a merced de intereses que buscan anular el libre albedrío; sin él, dejará de serlo y será fagocitado. Pero, escuchémosle a usted: ¿qué piensa sobre lo que ocurre?

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