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Opinión

La "imperatriz" de los libros"

Feria del Libro de Torrent

Feria del Libro de Torrent / A. T.

De todas las vidas que hasta el momento he vivido, en aquella ocasión en la que se unieron nuestros caminos yo habitaba el mundo como autor de novela histórica. Había escogido el título de EL SECRETO DE LOS NOCTURNOS para narrar las andanzas de Lope de Vega y Guillem de Castro en la Valencia de 1589, su relación con el padre Francisco Agustín Tárrega, Gaspar Aguilar y el resto de los componentes de la Academia de los Nocturnos. Había propuesto un giro a la realidad de aquellos admirables personajes, convirtiendo a Lope y a Guillem en una especie de doctores Watson, al lado del citado padre Tárrega que convertí en mi particular Sherlock Holmes, investigando una sucesión de crímenes a contrarreloj en aquella Valencia de entonces, tan fascinante y peligrosa.

La novela fue publicada por Ediciones B, del grupo Penguin Ramdom House, lo cual me llevó a embarcarme en una inolvidable travesía de certámenes literarios, presentaciones, firmas, ferias de libro, entrevistas y encuentros con varios clubes de lectura en diferentes librerías. Alguien me propuso que no dejara de contactar con ella, con la “Imperatriz” de los libros en Ruzafa. Alguien cuyo espíritu me recordaría al de George Whitman, aquel inolvidable y legendario Rey de Bohemia, y Emperador de Shakespeare and Company en el kilómetro cero de París, posiblemente mi lugar preferido en el mundo.

La “Imperatriz” de los libros de Ruzafa no sólo regentaba una librería que provocaba al entrar no querer regresar nunca más a la calle, también se trataba de una agitadora cultural desde su entrañable espacio, generando vínculos, encuentros, sinergias emocionales y literarias. Pronto conectamos y comenzamos a colaborar con presentaciones de la novela y posteriormente de poemarios, de publicaciones de teatro y algunas otras fábulas. También impartiendo talleres de creación literaria y de dramaturgia en ese kilómetro cero de Ruzafa, que es la calle Sueca 29, donde se encuentra un Imperio en el que posiblemente habitan muchos de nuestros sueños.

Desde entonces, siempre me ha acogido con una linda y sincera sonrisa, como de hada. Entre ustedes y yo, ahora que ella no nos lee ni nos escucha, yo creo que en realidad ella es precisamente una de ellas, sí. Lo noté en su mirada la primera vez. Lo constato en cada una de las veces que regreso a sus acciones y a su sonrisa. Una hada, como lo oyen. Una igual a las que fueron fotografiadas en Cottingley en su momento, y que tanto fascinaron a sir Arthur Conan Doyle. De hecho, cada vez que le doy un abrazo, creo sentir el suave y liviano tacto de una de sus pequeñas alas. Entonces —ella no lo sabe— cierro los ojos y pido un deseo literario que en muchas ocasiones se cumple.

No sé si es consciente de que es una persona llena de luz, como toda librera, escritora o activista cultural. Como todo aquel que un día optó por la poesía. Porque ella, aunque estudió Biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, decidió ser autora de poemarios como Imperatriz y Escalofriante. Más tarde nos sorprendió a todos con algo que no nos podía sorprender. Publicó una novela sin desatender su mágica librería. Su éxito fue tal que pronto la misma editorial le encargó una segunda novela. Y como todo lo que emprende, su narrativa también fascinó y acarició como sólo lo consiguen algunos elegidos o elegidas.

En Justicia poética, la primera de sus novelas, fuimos acompañando a Raquel, la nueva ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven, por su poemario. Se trataba de una mujer que no se planteaba ser madre pero que, pese a no sentir esa llamada de la maternidad, se quedaba embarazada de su mejor amigo. A partir de lo cual, la “Imperatriz”/autora/hada nos planteaba un viaje narrativo sustentado con una premisa muy reconocible por muchos de los que nos dedicamos a la creación literaria: ¿Termina la creatividad donde la maternidad empieza?

La respuesta en su caso a esa pregunta fue un no rotundo, ya que en poco tiempo publicó la segunda, que también se convirtió paradójicamente en el propio título. La segunda es una novela que nos plantea hasta dónde podemos llegar por amor o por obsesión. Si en la primera novela la autora planteaba el problema de la maternidad justo en el momento en el que lo profesional está afectando positivamente en una mujer, en esta ocasión plantea en qué lugar se encuentra tanto anímica como emocionalmente quien decide quedarse al lado de alguien que no quiere compromiso, solo forjar una amistad con un especial vínculo sexual. El peligro que ello conlleva cuando uno se enamora perdidamente, estando preparado para asentar una relación, y la otra parte las asienta con otras parejas mientras no deja de estar con su eterna amante amiga. No haber podido decir que no a tiempo, haber prolongado ese tóxico vínculo por miedo a perder, puede generar la muerte de una misma. O de uno mismo. Quien lo probó lo sabe. Eso planteaba en su segunda novela.

Conozco a Mamen desde hace varios años. Pronto una década. Y sé que seguiremos sumando muchas más en las que jugaremos y volaremos juntos a su particular isla de Nuncajamás en el barrio de Ruzafa, que es al fin y al cabo lo que significa eso de escribir, más allá de seguir venciendo en su propio barco al Capitán Garfio, o más allá de poner en orden el caos, como diría otra hada llamada Carmen Amoraga.

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