Opinión
Desafíos y esperanza

Letitia James, Zohran Mamdani y Rama Duwaji. / Associated Press / LaPresse / LAP
Hay algo de contradicción en este tiempo. Aquellos ideales y sueños por conquistar mayores cuotas de democracia parecen hoy dormitar, guardados en un cajón. Como advirtió Alexis de Tocqueville, cuando la ciudadanía relega la participación política, la democracia deja de ser un proyecto activo y se vuelve vulnerable.
Resistir para sobrevivir primero y reconstruir después los daños ocasionados al sistema es lo que hoy nos ocupa. Las amenazas al régimen de las libertades no son una advertencia sino una realidad. Más allá de la denuncia, de la reivindicación en este momento vital, implicarse es imprescindible. Porque el abandono cívico, como apuntaba Tocqueville, es lo que puede abrir la puerta al “despotismo democrático”. Y, aunque las amenazas de hoy no sean las mismas de las que él habló, hay una similitud en la advertencia de que la democracia puede ser menoscabada desde dentro.
La primera paradoja es que el mayor desafío viene de allí donde nació, los Estados Unidos. La segunda es que pareciera que las tensiones políticas se mueven dentro de un sistema propio de contrapesos: el liderazgo comprometido y valiente del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, como símbolo del despertar de la ciudadanía ante las nuevas tendencias autoritarias. O la Unión Europea como el mayor baluarte democrático en el espacio global. Hay desafíos, pero también esperanza. Esa es la clave con la que se puede afrontar este tiempo no solo cargado de amenazas, sino también de incertidumbres.
Se acaban de cumplir cuarenta años de la entrada en vigor del Tratado de Adhesión por el cual España entró a formar parte de la Unión Europea. Salíamos del aislamiento internacional y se consolidaba, de forma definitiva, nuestra democracia. Aquellos fueron los años de mayor transformación social, económica y cultural que hemos vivido en esta última etapa de la historia. La paradoja es conmemorar un hito como este en un momento de auge de los planteamientos antieuropeístas también en España. No se trata de una posición mayoritaria ni mucho menos, pero hay serias señales que advierten que el crecimiento de la ultraderecha populista va en serio. Y lo hace, especialmente, entre los segmentos sociales más jóvenes. Entre aquellos que no han conocido más régimen político que la democracia y que, además, beben de la fuente de la inmediatez; esa que limita el pensamiento y favorece la superficialidad. Lo importante es que hay esperanza, a pesar de los desafíos.
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