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Opinión

Venezuela: caretas fuera

Desde un punto de vista jurídico EE.UU. está violando el derecho internacional porque no cumple los dos únicos supuestos para un ataque militar sobre otro país según la Carta de las Naciones Unidas

Donald Trump

Donald Trump / Europa Press/Contacto/PRESIDENT OF UKRAINE

Las guerras son una de las vías de descripción de lo que somos y de lo que pensamos. Ante cualquier ataque o invasión se producen dos grandes narrativas que quieren describir y posicionarse ante lo que está pasando. En estas horas previas y a la espera del desarrollo de los últimos acontecimientos en Venezuela, se van perfilando las diferentes posturas y también las hipocresías y las medias verdades ante lo que se está viviendo. Unos hablan de liberación, celebrando por todo lo alto un hipotético fin de una, narco dictadura que lleva reprimiendo y empobreciendo a su población. Otros hablan de invasión y de la vulneración del derecho internacional por parte de EE.UU. sobre el pueblo soberano de Venezuela. Y todo, son eso, medias verdades y caretas que impiden ver más allá de este binomio, de esta dualidad de planteamientos que, de forma sorprendente, tienen mucho más en común de lo que nos podemos llegar a imaginar.

Desde un punto de vista jurídico EE.UU. está violando el derecho internacional porque no cumple los dos únicos supuestos para un ataque militar sobre otro país según la Carta de las Naciones Unidas: el primero, cuando exista una resolución de la misma Naciones Unidas que sirva de cobertura; el segundo, cuando un Estado se esté defiendo de los ataques de otro Estado. Como puede verse, ninguno de los dos supuestos se ha dado. Los defensores del ataque americano convendrán que dentro de Naciones Unidas se da protección jurídica a países tiránicos que oprimen a sus pueblos y es verdad, pero no os óbice para explicitar y señalar la violación sistemática del derecho internacional. Además, y aquí encontramos la otra clave: Trump está vulnerando su propio derecho interno al no consultar al Congreso el ataque sobre Venezuela. Todo esto forma parte de un proceso de concentración de poder en el presidente para ir dinamitando la división de poderes en EE.UU. y debilitar la propia democracia. ¿El ataque es para preservar la democracia en el mundo? ¿Por qué no se atacan otros países dictatoriales con los que se mantienen relaciones económicas y comerciales?

Y es en este punto donde vienen las coincidencias y las paradojas. Todas las posturas que critican a EE.UU. aludiendo al derecho internacional, deberían caer en la cuenta de un hecho fundamental y es que el régimen de Maduro es una dictadura que cometió un fraude electoral para perpetuarse en el poder y seguir así sus persecuciones, sus torturas y su opresión sobre la población. Ésta y su soberanía no han sido atacadas por EE.UU. porque Maduro y su dictadura ya les ha robado su autonomía y soberanía desde hace años por una oligarquía mafiosa y represiva. Aquellos que hoy se rasgan las vestiduras por la acción americana, no dijeron lo mismo sobre la vulneración del derecho interno de los venezolanos a que se aceptara lo que se votó democráticamente. Por eso resultan llamativas reacciones como las de Yolanda Díaz: “El mundo es menos seguro y menos libre desde que Trump y la internacional de odio actúan impunemente. Siempre estaremos con el derecho internacional y la paz”. ¿De qué paz está hablando, la de los cementerios como nos advirtió Kant para describir una falsa paz, lograda mediante la sumisión, el terror y la muerte en contraposición a la verdadera paz sustentada en el derecho y la justicia?

En definitiva, vivimos tiempos turbulentos que dinamitan la autonomía de los pueblos y de la ciudadanía. Tenemos que apuntar a ambos planteamientos, a sus contradicciones y omisiones. Hoy más que nunca, la democracia está en juego. Caretas fuera.

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