Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

València

Maduro ya no baila en Venezuela

Nicolás Maduro, rodeado de agentes de la Administración para el Control de Drogas de EEUU (DEA), a su llegada a Nueva York.

Nicolás Maduro, rodeado de agentes de la Administración para el Control de Drogas de EEUU (DEA), a su llegada a Nueva York. / EFE

Lo sé, lo sé. No se ha respetado el derecho de cualquier estado internacional soberano. Lo sé. Y tampoco es bueno que venga un showman con claros intereses políticos y geoestratégicos a intervenir en un territorio que no es el suyo. Claro que lo sé, porque ahí está el tablero del mundo sacudiéndose entre las bravuconadas de Putin, Xi Jinping o Donald Trump. Pero bienvenidos a la madurez, esta es la realidad interplanetaria que existe, la guerra fría entre imperios donde tienes que acabar tomando partido, no personal, desde luego, sino como nación. Por tanto, lo sé, lo sé, pero tendremos que decidir si creemos que es lo mismo invadir y someter a Ucrania de una forma ilegítima o apoyar la captura y el inicio del derrocamiento de un pseudo dictador como Nicolás Maduro que, de acuerdo a la unanimidad de la comunidad internacional, no ganó las últimas elecciones democráticas en Venezuela y tenía a su pueblo arrodillado de tal manera que en los últimos años puede que no haya habido mayor emigración en el mundo que la de ese pueblo. Lo sé, lo sé, no estuvo bien, pero hoy no conozco a un venezolano que no estés festejando el inicio del camino hacia la libertad.

Es por esto que este pueblo caribeño está esperanzado. No se trata de otra cosa. Putin hubiera tomado Caracas y la hubiese puesto a hablar ruso, pero Donald Trump -personaje histriónico y lleno de capas – busca un cambio de régimen y que los venezolanos, en libertad, elijan un futuro democrático distinto. No es que me guste el personaje, entiéndanme, sino que me reconforta la alegría de esa inmensa ciudadanía que rezaba todos los días para que llegara un momento semejante. No estamos hablando de una parte de Venezuela, sino de una apabullante mayoría que, como en Cuba, malvive sometida a un régimen que había intervenido medios de comunicación, la policía, el ejército y, por supuesto, la judicatura.

La pregunta que deberían plantearse aquellos que reniegan del atropello de Trump es qué hubiesen propuesto ellos. ¿Qué después de unas elecciones en las que Nicolás Maduro se autoproclamó como vencedor sin jamás presentar las actas de su supuesta victoria? ¿Qué después de las múltiples e inútiles resoluciones del Tribunal de La Haya con investigaciones por los crímenes de lesa humanidad, así como también por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU? ¿Qué después de los presos políticos y de la impunidad que ha expulsado a nueve millones de venezolanos? ¿Qué después de la parálisis del país que ha sumido al hambre a uno de los territorios más ricos de la región? ¿Qué después de la constatación del enriquecimiento mil millonario de Maduro y los suyos a costa del petróleo y el narcotráfico mientras su pueblo está en la miseria? ¿Qué después de verlo bailar y burlarse de Trump y del mundo entero mientras tenía los portaviones estadounidenses apuntando a su cabeza? ¿Qué a tanta impunidad? ¿Qué? ¿Qué propuesta mejor proponen los críticos para el bien común del pueblo venezolano? No me sirve que se diga que no estuvo bien la intervención, sino que se me responda qué solución real habría habido para el pueblo venezolano, qué solución real existe para la penuria generalizada en Cuba, país que no tiene la suerte de tener petróleo o un presidente implicado en el narcotráfico.

Creo que no se trata de juzgar el poder legítimo o ilegítimo de los Estados Unidos, sino de comprender que los venezolanos han tenido la suerte de que su país jugara un papel importante en los planes geoestratégicos de Trump. Al fin y al cabo, Putin ha intentado atentar decenas de veces contra el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, sin embargo, su homónimo norteamericano ha conducido a Maduro hasta un tribunal legítimo. Esta es una de las notables diferencias que existen entre las potencias que dominan el mundo.

Vienen horas de incertidumbre, miedo y esperanza para un pueblo que lleva sufriendo desde hace más de veinte años. Creo que, más allá de haber saciado sus intereses económicos y geoestratégicos, Donald Trump quiere evitar un derramamiento de sangre y prefiere optar por una transición donde pueda controlar al ejército venezolano dirigido por Delcy Rodríguez. Nos hubiera gustado que se reconociese la victoria electoral de Edmundo Gonzáles, pero yo soy de los inocentes que quieren creer que la democracia llegará en el momento adecuado, cuando el norteamericano haya cuajado sus negocios. El objetivo a medio plazo debería ser unas elecciones generales y, si no se dan, la decepción y la ira contra Donald Trump serán mayúsculas por parte de la mayoría del pueblo venezolano, quienes hoy aplauden al líder norteamericano porque Maduro ya no baila en Caracas, pero que pueden acabar escupiendo la fotografía del sheriff del mundo, el del porque yo lo valgo y resulta que, por ahora, les vino bien.

Tracking Pixel Contents