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Opinión

València

El mundo oscurece

La 'Situation Room' de Trump improvisada en Mar-a-Lago durante captura de Nicolás Maduro

La 'Situation Room' de Trump improvisada en Mar-a-Lago durante captura de Nicolás Maduro / Truth Social

La noche oscura del alma de la democracia quedará señalada por la madrugada del tres de enero, cuando el tirano grande desplegó su fuerza y se comió al pequeño. Vaya por delante mi nula simpatía y reconocimiento en términos democráticos del régimen chavista, pero la operación de la administración Trump contra Venezuela ha rematado por completo al multilateralismo: ya quebrantó sus reglas con el plan de paz para Gaza y lo está haciendo con las negociaciones para poner fin a la guerra imperialista en Ucrania.

El mundo, tal y como lo habíamos concebido tras la Segunda Guerra Mundial, se desmorona. Y con él, los propósitos y principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas. La paz y la seguridad internacional, el respeto a los derechos humanos, la igualdad soberana de sus Miembros o la abstención a recurrir al uso de la fuerza contra la independencia política de cualquier Estado, son algunos ejemplos que se caen a trozos.

Asusta pensar en la evolución política de todo esto, pero más lo hace la dimensión social in crescendo de sus planteamientos y que sirve de base legitimadora a lo ilegítimo. El trumpismo no solo es una amenaza a la geopolítica, también lo es por el alcance de su penetración en el imaginario colectivo. La UNESCO define la cultura como el “conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad o grupo social. La cultura engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, creencias y tradiciones”. Esa es la cuestión: el verdadero desafío a medio y largo plazo es el cambio cultural que se está produciendo en Occidente.

Hablamos del ascenso del populismo de extrema derecha aquí, en Europa y en el mundo, denunciando sus planteamientos regresivos o exigiendo al Partido Popular que no pacte con ellos. Y todo eso es fundamental, pero me surge una pregunta: ¿quién está llevando la delantera del liderazgo político transformador de la sociedad? La derechización de la cultura occidental es un hecho y su avance en términos electorales -a todos los niveles- da cuenta de ello. Y no me refiero a una derechización liberal o conservadora, sino fascista. El mundo oscurece mientras la democracia juega a la defensiva. Hace falta mayor contundencia democrática. Hace falta que la Unión Europea lidere.

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