Opinión | Trencar l'enfit
El metro de València, en la UCI
El metro de València ha estado mal gobierne quien gobierne. Faltan aparcamientos disuasorios, trayectos más cortos, mejores frecuencias y vagones sin olor a plástico requemado. Desde hace años.

Trazado de las líneas del metro en València. / Levante-EMV
Soy usuaria habitual del metro. De toda la vida. No lo cojo todos los días pero sí todas las semanas. Mi parada es una de las del trazado del antiguo 'trenet' y, aunque no fue afectada por la dana, estuvo nueve meses paralizada, viendo como crecían en silencio las malas hierbas entre las vías inmóviles, sin vida y sin el trasiego habitual propio de una ciudad de 90.000 habitantes que tiene en el metro su principal cordón umbilical con València. Sin metro, sufrimos mucho. Los autobuses no suplen, ni por asomo, la ingente necesidad que la movilidad moderna requiere. En ocasiones, hasta ir en patinete o en bicicleta sale más a cuenta para las localidades más cercanas al Cap i Casal. Para las más lejanas, y recordemos que el metro llega hasta la Ribera y el Camp de Túria, su inhabilitación o su mal funcionamiento supone un auténtico lastre.
Hablo de todo esto hoy, el día después de que un desprendimiento de parte del techo en la estación de Ángel Guimerà provocara a primera hora de ayer un caos monumental de retrasos, multitudes y cabreos y volviera a evidenciar el progresivo deterioro y mal estado de ciertas partes de esta infraestructura esencial para la movilidad (y la economía) metropolitana. Pero, no se equivoquen: ayer fue el techo, pero cuando no es una cosa es otra. Pantallas que no funcionan o indican mal y frecuencias de 15-20 minutos de media (las hay muy superiores en las comarcas antes nombradas) provocan el desconcierto diario de decenas de miles de usuarios, pero también la certeza de que el metro valenciano no está a la altura. De hecho, a poco que alguien haya viajado a Barcelona o Madrid, ya no digo Londres, habrá llorado de emoción al deleitarse con el hecho de que los convoyes lleguen cada tres minutos.
Nuestro sistema radial tampoco es que ayude. Cinco de las líneas actuales se vieron afectadas ayer por la avería de Ángel Guimerá de manera directa. Cinco de seis. El diseño 'valencia-céntrico' original se ha perpetuado durante décadas de manera que, quieras o no, estás condenado a pasar por el centro de la City aunque vayas a otros barrios de la ciudad o, incluso, a otros municipios que también tienen metro. Hay que pasar sí o sí por el centro de la ciudad. Y si falla Angel Guimerá, que concentra cinco de las seis líneas, o Colón, con cuatro, o Jesús con tres, la mesa tiembla como un seísmo de ocho en escala Richter. Por decir algo.
El conseller del ramo, Vicent Martínez Mus, presentó el pasado 30 de octubre un ambicioso plan de modernización de 820 millones de euros (a compartir con el TRAM de Alicante, ojo) para renovar material y ampliar frecuencias en la principal línea de metro de la Comunitat Valenciana y tercera de España. Como se presentó después del tremendo abucheo a Carlos Mazón en el funeral por las víctimas de la dana todo pasó como muy desapercibido. Pero, si se cumple, es importante. Y hago especial ahínco en el 'si se cumple' porque una está tan acostumbrada a los apaños y remiendos de unos y otros que cuesta creer que los mega anuncios pasen de ahí, de mega anuncios. No está peor ahora el metro porque esté el PP. Ha estado mal gobierne quien gobierne. Faltan aparcamientos disuasorios, trayectos más cortos, mejores frecuencias y vagones sin olor a plástico requemado. Y todo esto no ha aparecido en un día. En 2006 tuvimos el accidente más grave de la historia de nuestro metro. Como para olvidar tantas familias rotas. Así que o todos apostamos por el metro o moverse en el día a día de València y su comarca será todavía más insoportable.
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