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Opinión

València

Antes de que sea tarde

El presidente Donald Trump, vistiendo una gorra MAGA, en la Casa Blanca

El presidente Donald Trump, vistiendo una gorra MAGA, en la Casa Blanca / Europa Press/Daniel Tor

Crecen la incertidumbre y amenazas políticas en el nuevo desorden internacional mientras parece disminuir el compromiso social en torno a ello. Lo que puede interpretarse como un desafío más. Uno de los momentos más importantes que hemos vivido en relación con el descrédito de la política y sus consecuencias fue el derivado de la crisis financiera de 2008. El movimiento 15M sacudió el tablero a todos los niveles. La indignación social acabó convertida en un sentimiento transversal que iba más allá de una cuestión generacional. Emergieron nuevos partidos políticos que crecieron con la misma fuerza con la que luego disminuyeron; algunos, incluso desaparecieron. El resultado en términos electorales fue la reconfiguración de nuestro sistema de partidos dispuesto hoy en forma de bloques y con una amplia volatilidad electoral.

Hay algo de aquel momento que, con independencia de estar más o menos de acuerdo, llamaba la atención: la irrupción e implicación de la ciudadanía en el debate público. Si sirvió para mejorar más o menos la democracia es discutible, pero sin duda alimentó la idea de que la política no es un espacio exclusivo de las élites. Y eso ya es. Diría que hoy falta algo así: mayor ánimo social y empuje para hacer frente al nuevo fascismo. ¿Por qué? Para que las élites políticas se muevan, por ejemplo. Tanto aquí, en la Unión Europea, como dentro de Estados Unidos.

Hace unos días, un pequeño grupo de senadores republicanos votaron una propuesta de los demócratas en el Senado para limitar el uso de la fuerza por parte de la Administración Trump en Venezuela. Es un logro, pero no deja de ser un hecho que el Partido Demócrata carece de un liderazgo definido frente al tirano. Lo cual, limita la posibilidad de invertir la creciente popularidad social de Trump. ¿Podría representarlo Zhoran Mamdani? Tengo dudas, una cosa es la ciudad de Nueva York y otra el país: la historia está repleta de ejemplos que atestiguan que lo que funciona en un espacio no tiene porqué funcionar en otro y viceversa. En cualquier caso, el Partido Demócrata debería ponerse las pilas. Los acontecimientos van muy rápido: Trump ha puesto patas arriba el orden internacional en solo un año. Aún le quedan tres. La reacción a todo esto no puede esperar. El compromiso con la democracia lo requiere. Antes de que sea tarde.

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