Opinión
Alejandro, Hilari y Confucio

Hilari y Alejandro tras su victoria en la primera jornada de la Lliga.
“El hombre que mueve una montaña comienza cargando pequeñas piedras” es una de las sabias sentencias de Confucio que lleva de moda más de dos mil quinientos años. La perseverancia, en terminología cristiana es una de las virtudes y de las exigencias para triunfar en cualquier empeño. Y en este amado deporte de nuestros pecados nada se consigue sin mover pequeñas piedras, sin empeño en levantarse después de cada caída. Pretender mover una montaña, alcanzar el doctorado en la ciencia y el arte del trinquet, exige empezar por lo pequeño y alcanzar la virtud de la perseverancia que en palabras de Eusebio de Riola significa superar el bachillerato y cinco años de carrera.
Desconozco si Alejandro de Montserrat ha leído la filosofía oriental pues parece inclinado por sus estudios hacia las materias científicas pero una de las conclusiones extraídas el pasado sábado en la Lliga de la que es campeón es que, efectivamente, anda en el camino de piedra a piedra. En el Desafío sufrió una dura caída, un gancho a lo Pedro Carrasco; cayó noqueado por los certeros golpes de un maestro en filosofía oriental, escolástica y positivista. Aquella tarde navideña Alejandro perdió en silencio absoluto, deseando huir de aquella atadura mental de responder ante los cientos de espectadores que abarrotaron el trinquete como no se recordaba desde la final del primer trofeo navideño hace mas de cuarenta años… Pero de las caídas hay que levantarse, limpiarse el polvo, apretar los puños y alimentarse de fuerza moral. Y eso lo demostró Alejandro el pasado sábado. Ejerció de líder de la pareja, animando a su compañero Hilari, pidiendo juego, levantado pelotas de Salva Palau que no son cualquier cosa, reboteando, mostrando una zurda potable y una volea poderosa. Estuvo a gusto en un trinquete animado. Es cierto que Salva y Conillet no disfrutaron, no tuvieron la inspiración necesaria, anduvieron errando más de la cuenta, pero ello no resta méritos al principal logro de Alejandro: olvidarse del Desafío y afrontar la Lliga de la que es campeón con una victoria convincente. Atentos a esta pareja. Alejandro, perseverante, sigue cargando piedras cada vez más pesadas en su empeño legítimo de “mover” la montaña. Tiene en Hilari un escudero fiel y con poderes sobrados para escalar cumbres de picos y cordilleras enteras.
Otro pelotari que se levanta después de una larga caída por lesión es Giner, que en unión de Héctor y Carlos se impuso en Pedreguer a la pareja de De la Vega y Gimeno por 60 a 30.
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