Opinión | Miel, limón & vinagre
Gustavo Petro: también está maduro

Gustavo Petro.
Donald Trump ha puesto a América Latina en el mapa. Compadecerse de un jefe de Estado es una falta de respeto, casi una difamación, pero cabe afirmar desde la neutralidad que el presidente colombiano Gustavo Petro también está maduro para una intervención relámpago a cargo de la variante de los Ángeles del Infierno denominada Delta Force.
El duelo desigual entre Trump y Petro enfrenta a dos redomados populistas. La víctima fue coronada en 2022 como el primer izquierdista nominal en alcanzar la presidencia de Colombia. Antes de transformarse en constitucionalista había militado en la guerrilla del M-19, pero sin matar a nadie, lo cual solo indica que fue tan cobarde como el Bin Laden que siempre sufría una indisposición estomacal incapacitante a la hora de entrar en combate. Ambos comparten el coraje vicario de que otros mataran en su nombre.
Petro está encantado de haberse conocido, otro dato compartido con su némesis. De ahí que el guerrillero más remiso de Colombia haya anunciado, tras el secuestro de Maduro, que "juré no tocar un arma nunca más, pero por la patria empuñaré las armas de nuevo". En realidad, había presumido de no ejecutar a nadie, por lo que será un pistolero debutante a los 65 años, a la misma edad y con el mismo resultado que Leslie Nielsen en Agárralo como puedas.
La reivindicación de un papel de guerrillero pasivo, junto al desafío de «no soy ilegítimo y no soy un narco, deja de difamarme», equivale a las bravuconadas que le costaron el cargo y un apartamento en la carísima Nueva York a Maduro. Para reforzar la atmósfera hollywoodiense que impregna a la política contemporánea, Petro enmarcó su desafío con las gafas de Tom Cruise en Top Gun, y con la melena liberada del lacado que le prestaba un aspecto de lagartija indignada. En su nueva etapa evolutiva aseguró que "desataré el jaguar del pueblo", pese a que la reacción popular dista de ser abrumadora en Venezuela.
Para desatar esta tormenta caribeña, Trump se limitó a diagnosticar que "Colombia es un país muy asqueroso, gobernado por un hombre asqueroso al que le gusta fabricar cocaína y venderla a Estados Unidos". (En esta traducción se ha respetado el significado de sick, que no es precisa o solamente enfermo).
Se observará que estos insultos proferidos a quemarropa contra Petro no mentaron su nombre en una sola ocasión. Trump no pretendía ahondar el desprecio con el anonimato, ni ahogar la hipótesis de una querella por calumnias. Es más sencillo, el presidente de Estados Unidos no sabe cómo se llama su colega colombiano, ni tiene el mínimo interés en aprenderlo.
Trump, otro que no ha empuñado nunca un arma, sentenció que la invasión de Colombia "me suena bien", como si fuera una invitación a cenar en su McDonald’s favorito. Ante el amontonamiento de presagios, el antiguo alcalde de Bogotá no solo desempolvará su kalashnikov o ‘cuernos de cabra’, sino que anuncia asimismo que ha reforzado su cuerpo de seguridad personal en el palacio de Nariño. También aquí copia el recetario de Maduro. Cabe esperar que no haya contratado a los mismos cubanos diezmados en su país vecino.
Los pronunciamientos de capitán Alatriste contrastan con la suavizada reacción diplomática de Colombia, sin retirada de embajadores y con réplicas que parecen envueltas en nenúfares, esa influencia de Gabo. Y aunque ninguna investigación liga a Petro con el narcotráfico, no es menos cierto que su país ha alcanzado bajo su mandato la mayor superficie cultivada de plantas de coca, no toda ella destinada a combatir los procesos asmáticos. También su hijo Nicolás Petro fue acusado del desvío ilícito de fondos de campaña.
Sería provechoso que Europa escuchara más a Trump, aunque fuera a costa de descalificarlo un poco menos. Semanas antes del asalto al palacio de Miraflores, ya había comentado que "el ataque a Venezuela por tierra es más fácil que por mar". En la misma sesión, y sin necesidad de que nadie le preguntara, se descolgó con la confidencia de que "me cuentan que en Colombia también hay narcotráfico", un señalamiento ignorante pero que ya colocaba en la diana a Petro.
De hecho, los 25 folios de la acusación de la fiscalía neoyorquina contra Maduro basan la incriminación en el transporte de la cocaína desde la Colombia de Petro a la Venezuela de Maduro. De ahí volaría en aviones estatales a las refinerías mejicanas del ‘Chapo’ Guzmán y de los Zetas. Con destino final en votantes de Trump, porque es inverosímil que sus 75 millones de partidarios estén exentos de la plaga.
Con este trayecto, no cabe descartar que Trump confundiera a Venezuela con Colombia, al igual que su predecesor George Bush creyó que Pakistán era Afganistán y que Irán se llamaba Irak.
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