Opinión
Rascacielos en la Marina del Puerto de València
No pretende hacer ciudad ni integrarse en el entorno portuario ni en la Marina, desde luego, sino que apuesta por poner edificabilidad y aparentar 'modernidad' o alimentar nuestro papanatismo

Figuración del rascacielos proyectado en la Marina de València. / Levante-EMV
Otra vez se nos presenta una figuración, banal y sin contenido urbano para apoyar en València una operación inmobiliaria. Ya nos pasó con los rascacielos del Nou Mestalla y ahora, al parecer, se quiere repetir la fórmula. No parece una broma, ni tampoco ha habido otras notas oficiales ni desmentidos. Así, de un programa tan genérico de 28.000 m2 de comerciales y hoteleros y de la figuración que acompaña a la noticia, un potentísimo rascacielos de 30 pisos y 108 m. junto al mar, en el puerto, escueta, ya vista en otros lugares, pero contundente ¿qué cabe esperar?
No pretende hacer ciudad ni integrarse en el entorno portuario ni en la Marina, desde luego, cuestiones que ni se comentan, sino apuesta por poner edificabilidad y aparentar 'modernidad' o alimentar nuestro papanatismo. Epatar o más bien esconder una muy jugosa jugada económica. Podemos esperar más de nuestras autoridades en su presentación y posterior tramitación. Otra vez pedimos un esfuerzo para recuperar en esta iniciativa el fin último de nuestras ciudades: la convivencia, la coherencia, la humanidad, la cultura urbana del encuentro y el respeto a la naturaleza y al lugar. Al barrio y la dársena. Una justificación urbanística que no encontramos. Y pensamos: ¿no hay nadie que ponga freno a este sarpullido especulativo que, a este paso y vistos los excelentes resultados contables, nos va a crujir con iniciativas sucesivas, apoyadas en más imágenes de ordenador de una modernidad tan vacua? ¿Es que no hay nada más?
El 17 de diciembre de 2025, en el periódico Levante-El Mercantil Valenciano, apareció la imagen realizada con el apoyo de inteligencia artificial -así se dice-, que mostraba este rascacielos en el puerto de Valencia y cercano a la Torre del Reloj. La imagen del edificio que se presentaba de factura tan elemental de fondo como nada original en su forma, nos ha vuelto a dejar boquiabiertos, ya que no sorprendidos, dada su clarísima intención comercial. No hay en ella calidad ni justificación urbana, sólo intención de aumentar el valor de mercado de un solar propio, allá en la antigua dársena. No creemos que pueda ser la solución allí y así a las demandas del Puerto y del Ayuntamiento.
La propuesta visual presentada, se apoya en uno de los vicios más extendidos actualmente en arquitectura como es el simulacro formal. Ahora, por cierto, es mucho más fácil con la IA. En este caso la alegoría de la vela, que parece extraída del hotel de siete estrellas de Dubai, el edificio Jumeirah Burg Al Arab, o incluso del Hotel W de la Barceloneta, nos deja otra vez avergonzados, y ya no diría que ofendidos, por su reiteración -recordemos la zona de piscinas de Las Arenas y las torres del Parque de la desembocadura- por no intentar generar una parte de la ciudad del XXI con mimbres de nuestra cultura mediterránea y tejidos urbanos cultos, habitables y amables, alejados de este inmerecido complejo de provincialismo que nos viene acompañando cada vez que los valencianos recibimos un regalo urbanístico como el presente. Creemos, repetimos también, que hay otra forma de hacer ciudad y buenos arquitectos e ingenieros para ello.
La iniciativa, tras casi un mes de su difusión, ha merecido también escaso eco en los medios, lo que puede hablar de retirada (?) o de un adormecimiento público peligroso, que en el ámbito privado y profesional afortunadamente no sucede: “Gordo, malcopiado, sin pies en el suelo y sin relación con el entorno, provocador, ¿porqué no en el mar, como en Dubai?, es un horror”, se nos dice.
¿La iniciativa se ha abandonado? Si no, no hay que dejarla pasar. Por eso, antes de ser objeto de banderías y posicionamientos políticos, queremos dejar clara nuestra opinión: la rechazamos.
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