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Opinión | En el barro

València

La lealtad según Mazón

Cuenca y Pradas han mostrado diferentes maneras de entender la lealtad. Claro que están en posiciones distintas

José Manuel Cuenca, el pasado lunes, al salir del juzgado de Catarroja.

José Manuel Cuenca, el pasado lunes, al salir del juzgado de Catarroja. / Rober Solsona

Es difícil no tropezarse con el concepto de lealtad tras los últimos acontecimientos. ¿Es más leal Delcy Rodríguez que José Manuel Cuenca? ¿Lo es más este último que Salomé Pradas? El concepto no es unidireccional. La cuestión es: lealtad con quién. ¿Leales con sus superiores? ¿Con la verdad? ¿Con los ciudadanos bajo su administración? Existe la frase hecha de que la lealtad se demuestra en los malos momentos. En las batallas y cuando las cosas se tuercen. Creo que se atribuye a Lutero. No sé si el momento es bueno o malo alrededor de la investigación de la gran riada del 29 de octubre de 2024 (según el prisma), pero está claro que Cuenca y Pradas han mostrado diferentes maneras de entender aquello de la lealtad. Claro que están en posiciones distintas. La exconsellera de Emergencias está investigada en este procedimiento. Su libertad está en juego. El exjefe de gabinete de Presidencia no está en esa situación. Está declarando como testigo. La exconsellera ha dicho ante la jueza ahora lo que había venido deslizando en sus últimas declaraciones públicas. El exjefe de gabinete continúa siendo una persona vinculada personal y profesionalmente con Mazón (es su único asesor, de momento, en la oficina del expresident). La exconsellera no mantiene atadura alguna hoy con el anterior jefe del gobierno autonómico: ni personal ni política. Así, la idea de lealtad de uno y otro difieren. Está por ver el resultado judicial de una consideración u otra. ¿Puede restar responsabilidad a Pradas, que era la jefa de la emergencia en función de su cargo en esa tarde dramática, trasladar que algunas de las decisiones que adoptó le venían señaladas o sugeridas desde arriba (Presidencia)? Quizá no tenga efectos judiciales, pero en cuanto a conciencia e imagen, puede que sí los haya: eso tan intangible de dormir mejor o peor por las noches. No parece casual que Pradas se detuviera el lunes a escuchar a algunas representantes de las víctimas.

Rosa Álvarez, el lunes, ante Salomé Pradas.

Rosa Álvarez, el lunes, ante Salomé Pradas. / Rober Solsona

Es evidente que cada paso de la investigación va inclinándose hacia Mazón y su entorno. ¿Es suficiente que la exconsellera diga que se sintió persuadida de que recibía indicaciones desde lo más alto de la estructura de Presidencia? No deja de ser una impresión personal. La clave para Pradas (y puede que para el expresident) serán las pruebas de la implicación (real o no) de este en las decisiones tomadas para proteger (es un decir) a la ciudadanía. El exjefe del Consell cruzó una llamada con José Manuel Cuenca a las 19.41 horas del día fatídico, pero se desconocen los mensajes escritos entre ambos. Los wasap están siendo la gran fuente de información en esta instrucción (cosas de este tiempo). De momento, el teléfono móvil que Cuenca ha entregado al juzgado está tan limpio como cuando salió de la fábrica de la manzana. Todos los mensajes han desaparecido. Parece que sucedió poco antes de declarar por segunda vez en Catarroja. ¿Lealtad? Volviendo al principio: ¿hacia quién? Ahora ha autorizado que los técnicos intenten recuperar el contenido. Habrá que ver si consiguen algo. Como habrá que ver si la actitud del amigo y leal colaborador es la misma si en algún momento la condición procesal cambia. La lealtad permite muchas interpretaciones.

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