Opinión
La igualdad a la intemperie

El ahora conseller de Hacienda, José Antonio Rovira. / Germán Caballero
Hace dos años y medio, el recién nombrado conseller de Educación, José Antonio Rovira, durante la primera ronda de contacto con el sector educativo, se encontró con que una organización le pedía reforzar la coeducación en los centros. El conseller se giró hacia un alto cargo y le preguntó, con toda naturalidad, qué era exactamente eso de la coeducación. Esa escena, que ya anticipaba un futuro incierto para la igualdad, hoy funciona como metáfora perfecta del rumbo de la política educativa del Consell. La semana pasada, más de 80 entidades del ámbito educativo y feminista hicieron público un comunicado en el que señalaban los puntos negros del decreto de convivencia en las aulas que Rovira ha dejado en herencia a su sustituta y que convierte la coeducación en un “elemento decorativo” al sustituir el concepto de igualdad por un “bienestar” ambiguo que invisibiliza violencias.
Las asociaciones denuncian que se legisla sin recursos y de espaldas a las voces expertas. Es sabido que el valor de la igualdad entre mujeres y hombres se ha de construir desde cero y eso implica asumir que la escuela, como agente primario de socialización, es un espacio esencial para alejar el machismo. Es necesario dotar a la infancia y a la adolescencia de recursos para neutralizar todos los inputs machistas que llegan a mansalva del mundo exterior: publicidad, productos culturales, redes sociales, etc. El relevo en la Conselleria de Educación podría ser una oportunidad para mirar en otra dirección; sin embargo, la realidad invita al escepticismo.
Lo que lleva haciendo el Consell del PP —alentado por su socio Vox— se parece más a una lluvia fina que erosiona, gota a gota, la ya de por sí endeble base sobre la que se sustenta la igualdad, una mezcla peligrosa de ignorancia y voluntad política de vaciarla de contenido. La decisión, al inicio de legislatura, de retirar el apoyo al proyecto educativo Women’s Legacy, el adelgazamiento y la neutralización del Consell de les Dones, la paralización de la renovación del pacto sobre violencia de género o el borrado de esa expresión de los documentos oficiales, incluido el libro de estilo de À Punt, van en esa línea. El Consell puede inventar conceptos, llamar “bienestar” a lo que antes se llamaba igualdad y borrar “violencia de género” de los papeles, pero la realidad es tozuda, sobre todo la machista y patriarcal, y en las aulas, o hay coeducación o se perpetúa la desigualdad. Y, de momento, lamentablemente, la única previsión fiable es que la lluvia sigue cayendo mientras el Consell se empeña en esconder los paraguas y dejar la igualdad a la intemperie.
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