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Opinión | Viento albornés

Segundo año, segunda era

Tras tantos sesudos análisis de los expertos tendemos a minusvalorar lo mucho que pesa al final el dedo de un estúpido

Donald Trump enseña los anillos de campeones de las Panteras de Florida.

Donald Trump enseña los anillos de campeones de las Panteras de Florida. / Samuel Corum / Efe

Nada más comenzar el 2º año-II era de DD, Daddy Donald, el presidente Trump se ha declarado literalmente como el rey del mundo, después de sus amagos el pasado ejercicio aspirando a papa de Roma o premio Nobel de la paz, tras un largo y delirante discurso el día de los reyes magos -no Maga-, donde amén de reírse del presidente Macron hizo balance de su increíble primer año (“nos hemos hecho ricos con los aranceles”) que acababa de coronar secuestrando al presidente Maduro.

No me negarán que pinta de buten, como escribiera Baroja, y si los griegos distinguían en su lenguaje entre el tiempo cronológico cuantitativo y el cualitativo que alude a lo existencial, a lo importante que sucede sobre lo lineal, con períodos que suponen peligrosos retrocesos en la evolución humana hacia la libertad y la dignidad, hemos de convenir que estamos ante la reformulación temporal del imperio estadounidense formado tras la II GM y conviene discernir si supone un alfa o un omega en su sino.

Su golpe venezolano ha sido aplaudido con las orejas por Feijóo y Obescal e hasta un hijo de Paquirri o un tal don Vito han pedido a Daddy una repetición con el presidente Sánchez, para que España no quede atrás en tamaño esperpento. Ignoran que EE UU tiene en Andalucía su mayor complejo aeronaval propio de Europa. A mí me preocupa que este Viento Albornés traiga tan a menudo a colación esa figura indefinible parecida al Naranjito del mundial de fútbol-82 o que los líderes de la UE se entiendan en inglés y comuniquen desde la X de Musk. ¿Rutte?

Este matón tiene en Florida una piscina de caimanes para recibir a sus criminales amigos, sionistas o islámicos, si se ponen el traje de besar culos, pues en doce meses ha perdido el respeto de cualquier dirigente que se precie, aunque otra cuestión es el fundado miedo que les genera. Su estrategia de seguridad nacional redefine a los hasta ahora aliados cual países vasallos y si en EE UU no respeta la democracia -el asalto capitolino fue el crack- hay que ser bobo para pensar que quiere una Europa libre y democrática.

Tras tantos sesudos análisis de los expertos tendemos a minusvalorar lo mucho que pesa al final el dedo de un estúpido, que no tonto ni solo, pues las riquezas venezolanas ya se le habían ofrecido, pero él necesitaba detener a su osado competidor en bailes presidenciales, decir a su gente que no gasta y cobra en millones de barriles, y de paso humillar a Machado, usurpadora de su premio Nobel. No necesita petróleo y menos aún democracias iraquíes o libias. Ni a Melania le gustan sus bailecitos gallináceos según reconoció.

La doctrina Monroe -nada que ver con Marilyn- data de 1823 y supone imponer el orden estadounidense en toda América, coincidiendo con la creación europea de la santa alianza para invadir España y derogar la constitución, algo que Donald adapta con su nombre: Donroe. Eso sí, Daddy debe cuidarse, pues el último año perdimos a BB (Bardot) y CC (Cardinale) y se acerca DD. Vuelve el invierno medieval, pero no por el sempiterno uso de la fuerza, sino por imposición de una basta y vasta incultura social cada día más reaccionaria. El nuevo estado de Gorilandia.

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