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Opinión | El día del señor

Ciego en Gaza

Imagen de Gaza en 2023.

Imagen de Gaza en 2023. / LEV-EMV

Por el testimonio de grandes andarines de todos los tiempos parece que Gaza fue, antaño, un referente de belleza (“No hay desgracia mayor que ser ciego en Gaza”) ahora Gaza no es ni feo ni hermoso, sencillamente no es y el gran arquitecto blanco (o del color de la calabaza) pretende embellecerlo a su modo, lo que puede ser mucho peor. Beniamin Netanyahu se relame de gusto solo de pensar en una barbacoa de costillar de palestino.

Por fuentes de Naciones Unidas sabemos que se han registrado unas 10.000 violaciones del alto el fuego, una cosecha de muerte para casi 400 víctimas del conflicto. También matan, de propina, a unos cuantos sin papeles que han tenido la osadía de colarse al otro lado del jardín o que unos adolescentes tengan la desfachatez de hablar en castellano. Menos mal que parecía que Israel ya no tenía ganas de pelearse con sus vecinos libaneses, iraníes, chiítas, kurdos y demás ralea (que diría Pío Baroja).

De las probetas de este constructor chapucero que es y será Donald Trump puede salir cualquier cosa. Un día, de repente, descubre que hay cristianos en Nigeria y ordena bombardear a la población. O que en Panamá tienen un canal estupendo por el que ya pagaron, supuestamente, los ancestros de poil de carotte. No importa: hay que intimidar a estos y a los otros, sumarse con empuje propio pero oportuno al malestar de Irán y al mucho o poco populismo venezolano, al gusto.

Pelearse en el hielo es una especialidad que no dominan en New York los muchachos de la Navy. Siempre pueden practicar claqué que se lo tienen muy ensayado, pilotar un rompehielos o matar al papa por papista. Por cierto, que al comenzar este lío el gas licuado ruso era mucho más barato que el norteamericano ya que parecía que había que mimar a los campeones de Occidente y era antipatriótico usar crudo que no fuera de Estados Unidos o de los emiratos del Golfo. Aunque nos fastidiaran con más aranceles. Como pasó con Hitler, el apaciguamiento de los esbirros nunca fue una buena idea, pregunten en el Foreign Office. Solo faltaba Mark Rutte festejando su condición de chico para todo de Trump disfrazado de bufón bicorne al mejor estilo de Woody Allen.

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