Opinión
Es la hora (Valió la pena)
Nada de lo que hoy está sobre la mesa habría sido posible sin la constancia de una década. Diez años de argumentos, de pedagogía, de movilización cívica y de diálogo institucional. Diez años insistiendo

María Jesús Montero, en en ministerio de Hacienda, durante la presentación del nuevo modelo de financiación autonómica. / José Luis Roca
Lo que hoy parecen derrotas son, muchas veces, el germen necesario para las victorias de mañana. Eso es lo que enseña la Historia. Y eso es lo que ha sucedido con la financiación autonómica, la causa común y prolongada que unió a la sociedad valenciana hace diez años como nunca lo había hecho ninguna otra desde la defensa de l’Estatut d’Autonomia en la Transición. Nos unió en el año 2015 para expresar, desde la pluralidad política, social y cívica, que la infrafinanciación que sufríamos no era un problema identitario ni coyuntural, sino una injusticia objetiva. Una anomalía democrática que lastraba nuestro presente y comprometía nuestro futuro. Aquella decisión de defender unidos nuestros intereses a partir del diálogo social y del acuerdo político nos permite afirmar, una década después, que la perseverancia valió la pena.
Valió la pena apostar por el acuerdo y por el diálogo social como la mejor herramienta para cohesionar a la sociedad valenciana. Nunca aceptamos ser ciudadanos de segunda. Entendimos, en todo momento, que la lealtad jamás significa sumisión. Nuestra reivindicación nunca fue identitarista. Era una cuestión de justicia, de igualdad y de respeto. De defender unos derechos irrenunciables. Y en su defensa nos pusimos todos con rigor, firmeza serena y predisposición al acuerdo. Ahora llega el fruto.
Valió la pena apostar por el acuerdo y por el diálogo social como la mejor herramienta para cohesionar a la sociedad valenciana
Nada de lo que hoy está sobre la mesa habría sido posible sin la constancia de una década. Diez años de argumentos, de pedagogía, de movilización cívica y de diálogo institucional. Diez años insistiendo, a veces contra el escepticismo y otras contra la incomprensión, en la necesidad de revertir la discriminación valenciana. De poner solución al 'problema valenciano'. La idea caló en el debate político y mediático. Y ese camino tuvo unos hitos muy claros.
El primero fue el pacto alcanzado en las Corts Valencianes el 6 de octubre de 2015. Un acuerdo que demostró que, cuando está en juego el interés general, es posible superar las diferencias ideológicas y anteponer lo que nos une a lo que nos separa. Aquel día quedó claro que la reivindicación de una financiación justa no era patrimonio de un gobierno ni de un partido, sino una posición compartida por toda una sociedad. "Tots a una veu”.
El segundo hito llegó un día después, con un enorme valor simbólico y político. En el Saló de Corts del Palau de la Generalitat –con los frescos murales que nos recuerdan que fuimos un reino forjado en el yunque del pacto–, el Consell firmó un acuerdo con los representantes sindicales, empresariales y de las universidades valencianas. Aquel acto expresó con claridad que este no era un debate técnico ni una hoja de Excel, sino una causa cívica. Trabajadores y empresas, conocimiento y administración pública, unidos todos para defender un futuro compartido. Fue el mejor ejemplo de la unidad de acción valenciana.
El tercer gran momento fue la manifestación de 2017 convocada por la Plataforma per un Finançament Just. Miles de personas salieron a la calle, de forma cívica, transversal y serena, reclamando igualdad y justicia. No fue una protesta contra nadie, sino a favor de la dignidad de nuestra tierra. Una comunidad que cumple, que aporta y que exige los recursos que merece para garantizar unos servicios públicos de calidad a nuestros ciudadanos. Eso es el civismo.
En todo este itinerario ha sido decisivo el rigor del análisis. Los estudios del IVIE, liderados por Paco Pérez, aportaron datos incontestables
En todo este itinerario ha sido decisivo el rigor del análisis. Los estudios del IVIE, liderados por Paco Pérez, aportaron datos incontestables que permitieron elevar el debate por encima de los prejuicios y de las percepciones interesadas. Gracias a ese trabajo serio y persistente, la clase política y mediática española comenzó a tomar conciencia de la magnitud de la desigualdad que sufría la Comunitat Valenciana. Los números hablaron claro: no pedíamos privilegios, reclamábamos justicia. Y la reivindicábamos como prioridad política. Porque la financiación no es una cuestión abstracta. La infrafinanciación la sufre cada ciudadano. Se traduce en listas de espera más largas en el hospital, en más alumnos por aula, en menos recursos para atender la dependencia. La infrafinanciación aboca a un infraestado del bienestar. En nuestro caso, además, nos obligaba a endeudarnos para poder mantener los servicios esenciales, hipotecando el futuro de las próximas generaciones.
Por eso nunca cejamos en el empeño de reivindicar una financiación justa. Esta experiencia colectiva ha desterrado un gran tópico. La perseverancia demostrada en la reivindicación del Finançament Just ha desmontado el mito de la inconstancia valenciana. Del meninfotisme. También lo hicimos durante la pandemia. Esta constancia, esta corresponsabilidad, ha sido un logro de toda la sociedad valenciana. Es mérito de instituciones, sindicatos, patronal, agentes cívicos, universidades y fuerzas políticas valencianas que aquella gota malaya haya cristalizado, como una estalactita imposible de sortear, y que este invierno con regusto a primavera se haya traducido en una propuesta ilusionante.
El nuevo modelo de financiación presentado por el Ministerio de Hacienda corregirá desequilibrios largamente arrastrados
Hoy nos encontramos ante una oportunidad histórica. El nuevo modelo de financiación presentado por el Ministerio de Hacienda corregirá desequilibrios largamente arrastrados y garantizará los recursos necesarios para sostener la sanidad, la educación, los servicios sociales y el conjunto de las políticas públicas valencianas. Nos convierte en la autonomía que más mejoraría su posición. Y no podemos permitirnos perder este tren. La Comunitat Valenciana no puede quedarse en el andén, en la vía muerta del “no”. Decir “no” por sistema no es una estrategia; es una renuncia. Una abdicación de la responsabilidad.
Pensemos en términos sencillos. Ninguna familia rechazaría un acuerdo que mejora ampliamente la capacidad para cuidar de los suyos. Pues bien: somos una gran familia de cinco millones de miembros y necesitamos un modelo que garantice la financiación de los servicios que sostienen la igualdad y la cohesión social. Rechazarlo por cálculos cortoplacistas o servidumbres partidistas sería una enorme irresponsabilidad. Y a eso apelamos: al espíritu que nos ha traído hasta aquí. Unidad de acción y valencianidad.
España necesita este acuerdo. Ha llegado la hora de levantar puentes y no muros
Además, esta no es solo una cuestión valenciana. España necesita este acuerdo. Ha llegado la hora de levantar puentes y no muros. De salir del camino perverso de asimetría, agravio y desafección, y encarrilar las agujas hacia la igualdad, la convivencia y la cohesión. Hoy, en España, perviven desigualdades de trato entre españoles que esta propuesta mitiga claramente. Reequilibra, sin eliminarla, la enorme desigualdad del sistema vigente, que era del 32 % entre comunidades autónomas de régimen común y que ahora quedaría reducida al 16 %, exactamente la mitad. La propuesta es mucho más solidaria que la anterior, pues la nivelación horizontal iguala a todos al 75% del total y la nivelación vertical eleva la igualación anterior hasta reducir a un tercio la distancia con el nivel más alto de capacidad tributaria por habitante. Por eso es imprescindible que salga adelante. Y que también haya una negociación seria con respecto a la deuda acumulada por tantos años de financiación injusta.
Al sistema actual de financiación le llegó su hora en 2014, todos lo sabemos. Pero ahora, desde la responsabilidad, urge un gran pacto de país para acordar una financiación autonómica justa. Es imprescindible el sentido de la responsabilidad del conjunto de territorios y de los partidos representados en el Congreso. Negociar no es una debilidad. Ceder no es una rendición. Pactar no es traicionar. Es el mínimo vital democrático para avanzar como sociedad. Y en este caso resulta inaplazable.
Para los valencianos, valió la pena el esfuerzo y la unidad de estos diez años para llegar hasta aquí. Para los valencianos, valdrá la pena que todos –partidos, sindicatos, patronal y sociedad civil– renueven sus esfuerzos y mantengan la unidad para que esta propuesta se convierta en realidad. Nadie puede eludir su responsabilidad. Esa sí sería una traición.

Información firmada por Ximo Puig, Ismael Sáez, Arturo León y Salvador Navarro / Levante-EMV
Información firmada por Ximo Puig, Ismael Sáez, Arturo León y Salvador Navarro.
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