Opinión
Migrar la palabra “migrar”

Jóvenes en la frontera de Ceuta / L-EMV
El rey Baltasar observa la ilusión con la que lo miran los niños y niñas e imagina un mundo idílico que admira a los que, lejos de casa y de sus seres queridos, siguen remando para conseguir una vida mejor. O quizá simplemente una vida. Pero todo parece quedar en ese día 5. El 6, con el ropaje del día a día, todo es diferente. Vuelven los recelos.
Si la palabra “inmigrante” ya no vale, dejemos de utilizarla. Se la ha apropiado el mundo ultra, la ha malversado y la ha convertido en una arma arrojadiza. Olvidemos el concepto y empecemos a hablar de otra realidad a través de otra palabra. Es una derrota, por supuesto. No hay mayor capitulación que una palabra que nos obligan a olvidar, pero en la batalla cultural que algunos han decidido emprender artificialmente, el significado es más importante que el significante.
Los conceptos que representan las palabras son moldeadas en manos del poder. Si la palabra “migración” ya no es útil para que aquellos que emigran reciban un trato justo basado en los derechos humanos, entonces debemos buscar otras fórmulas que movilicen.
Ante la incertidumbre en el futuro, alguien ha decidido que la seguridad sea sagrada. Todo lo justifica. Deportaciones, arrestos, asesinatos, alambradas, deshumanización, mofa. Y, para justificarlo, desinformación. Los españoles creen que la proporción de migrantes es del 28% de la población total. La cifra real es del 15%. Piensan que el 50% de los migrantes reciben ayudas. Solo un 11% lo hacen.
Todas las personas que se marchan de su casa son refugiados, pues huyen de realidades asfixiantes que les obligan a abandonar lo más querido que tienen e intentar una vida nueva allá donde las preguntas sin respuesta dominan su día a día. Cambian la inseguridad por la incertidumbre. Son refugiados climáticos, son refugiadas bélicas, son refugiados económicos. “Nadie se va de su casa a menos que esa casa sea la boca de un tiburón”, arguye Warsan Shire.
Aunque vivimos en la sociedad de la crueldad, ¿alguien se atreve a criminalizar a los refugiados? ¿algún Estado puede bloquear la ayuda a personas que buscan refugio para salir del infierno? ¿qué ética permite eludir el socorro a un refugiado?
Si consideramos que han pervertido en exceso la palabra “migrar” y con ello estigmatizado a los migrantes, hablemos de refugiados pero acojámoslos como merecen, como personas.
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