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Opinión | Trencar l'enfit

Subdirectora de Levante-EMV

Cuando queríamos ser 'made in USA'

El país de nuestros sueños de la infancia, con sus Nike, Jordan y Coca-cola restringida, se ha convertido en algo horrible, en la peor versión de lo que significó la peor Alemania de la historia.

Antiguo anuncio de Coca-cola, cuando solo la podíamos beber los fines de semana.

Antiguo anuncio de Coca-cola, cuando solo la podíamos beber los fines de semana.

Hay una generación de valencianos que crecimos admirando a Estados Unidos. Eso es así. Pese a los ingentes intentos que nuestro país hacía para avanzar, muchas cosas del entorno todavía desprendían la huella del retraso al que nos había condenado el franquismo durante sus 40 años de teja y mantilla, y todo lo que venía del país de las barras y estrellas sonaba mejor. Sonaba a modernidad, a libertad, a nuevos olores y sabores, a inglés y a respeto. Eran los tiempos en que llegaban los primeros McDonalds y el descubrimiento del pepinillo, Michael Jordan y sus vuelos imposibles en una NBA de ensueño y el momento de las Nike, aquellas por las que todos aspirábamos mientras nuestras madres nos bajaban a la cruda realidad del mercado ambulante de los sábados. «Eixes que son més barates».

Estados Unidos era nuestro espejo adolescente de aquellos años 80, aquel lugar donde se conducía a los 16 años y donde todo parecía fácil de conseguir frente a una Europa que era como los padres: normas, aburrimiento, legado y lío constante. Nosotros queríamos ser, como tantas y tantas cosas, ‘made in USA’ y beber coca-cola todos los días y no solo los fines de semana, por ejemplo.

Icónica imagen de Michael Jordan con las 'air Jordan' de Nike.

Icónica imagen de Michael Jordan con las 'air Jordan' de Nike. / Levante-EMV

Esos niños enamorados de nombres de ciudades que jamás visitaremos, soplaremos en breve las 50 velas y lo haremos, espero que la mayoría, horrorizados e indignados por aquello en lo que se ha convertido nuestro país favorito de la infancia y que es, nada más y nada menos, que en la peor Alemania de la historia. Me cuentan amigos, angustiados, que viven allí que muchas personas se han autoimpuesto el teletrabajo sine die para evitar ser arrestados al ir a comprar el pan o a la farmacia. Las SS de Trump tienen el poder de detenerte durante tres días para comprobar si estás legal o no en el país. Tres días en un calabozo y, lo peor, con tus hijos si en el momento de la identificación vas con ellos.

Me cuentan también que una guardería de inmersión en español ha tenido que cerrar porque las familias dejaron de llevar a sus hijos por miedo a que entraran las SS de Trump y que es difícil explicar cómo vuelve uno a su casa después del trabajo cuando hace una semana se llevaron a los vecinos de abajo en el propio portal. El miedo, tanto miedo...

Me dicen también "no sabéis lo que tenéis en España" y pienso que sí. Pienso que pese a la bronca política y a la queja constante, tenemos una sanidad y una educación sin parangón, y unos derechos y una seguridad en la calle que alguien mínimamente viajado sabe que es verdad. Y digo que sí y me lo repito. Me lo repito una y mil veces y ahora que muchos, demasiados, quieren para estas tierras la peor versión de aquel país que admirábamos décadas atrás.

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