Opinión | Bolos
El bamboleo del AVE
Entre Adif, la polarización política y las inversiones pendientes, la discusión sobre la crisis ferroviaria apunta también al Corredor Mediterráneo y a una red de Cercanías que sigue esperando mejoras

La estación Joaquin Sorolla, en una foto de archivo. / Miguel Ángel Montesinos
Hablando con dos usuarios afectados por los primeros retrasos del AVE València–Madrid, debidos a la bajada de velocidad por problemas técnicos en puntos de la red, ambos coinciden en la extraordinaria paciencia del pasaje pese al contratiempo. Supongo que priorizamos la seguridad por encima de la puntualidad, esa informalidad tan genuina. La crisis ferroviaria, tras los graves accidentes de Córdoba y Barcelona, ha llevado a una revisión a fondo de la infraestructura gestionada por Adif, especialmente las plataformas de alta velocidad.
Las catástrofes siempre encienden alarmas sobre la fiabilidad del transporte público; en este caso, del sistema ferroviario español. Es algo que también ocurre tras los accidentes de tráfico con numerosas víctimas y, sobre todo, después de los siniestros aéreos. Sin embargo, mientras en los primeros hace tiempo que no recuerdo un debate público sobre la titularidad de una carretera afectada —provincial, estatal o concesionaria—, resultaría difícil culpar de una tragedia en un aeropuerto a Aena, gestora de mayoría pública de las instalaciones en España, como Adif, administradora de las infraestructuras que utilizan las compañías ferroviarias.
Con la teoría clara, era cuestión de horas que aflorara la polarización. Además del rifirrafe habitual, el ministro Óscar Puente tiene una larga lista de agraviados que lo esperaba. Es lo que ocurre cuando, además de formar parte de un gobierno, eres un influencer que se mete en todos los charcos, incluso en aquellos que exigen el decoro institucional.
Pasado el duelo oficial, lo razonable para el Consell sería interesarse por los plazos de ejecución del Corredor Mediterráneo y por cuándo el Gobierno podrá culminar la prometida conexión de alta velocidad entre Castellón, València y Alicante. Al mismo tiempo, convendría preguntar por el estado de las inversiones para la mejora definitiva de la red de Cercanías y por el avance de las obras en la línea Xàtiva–Alcoi. Porque, por ahora, no puede hacer nada en la reducción de velocidad en Villarrubia de Santiago y Minglanilla. Y respecto a las vibraciones detectadas en los convoyes, quizá sea mejor mantener una cierta prudencia.
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