Opinión | Trencar l'enfit
El dolor de Adamuz que nos recuerda al accidente del metro de València
El accidente de tren en Adamuz, cuyas causas aún se desconocen, reabre heridas en la sociedad valenciana, marcada por tragedias ferroviarias como la del accidente de metro, que tanto nos golpeó.

Imagen del metro que accidentó el 3 de julio de 2006. / L-EMV
Han pasado casi cuatro días desde el terrible accidente de trenes en Adamuz, en el que han muerto 43 personas. Un siniestro todavía sin causas claras que nos ha dejado atónitos y nos ha hecho sentir, de nuevo, vulnerables. Porque, ¿quién no ha subido nunca a un tren? ¿Quién no lo debe hacer cada día, sea con larga distancia, Cercanías o metro para mil y una cuestiones de la vida misma? No es que la valenciana sea una sociedad especialmente golpeada por accidentes o siniestros. Habrá algunas que exclamarán: 'yo más'. Pero no me digan ustedes que los valencianos con unos cuantos años no cargamos en nuestra memoria, y muchos en su piel y su corazón, auténticas catástrofes difíciles de digerir y de olvidar.
Hace apenas 15 meses, por ejemplo, una dana, agravada por la falta de reacción de la administración responsable, en ese caso la autonómica, arrasaba con todo y todos. La gente se ahogaba dentro de sus casas y los puentes y las autovías se desplomaban como si fueran de cartón piedra. Una auténtica pesadilla que todavía estamos llorando y procesando en tiempos parejos. 231 personas perdieron la vida.
Aunque era pequeña cuando sucedió, nunca olvidaré la historia de una amiga, cuyo padre falleció arrollado por un tren en Xirivella cuando volvía del hospital de conocer a su hijo recién nacido. Era 24 de septiembre de 1980 y un convoy de Madrid se llevaba por delante el autobús 'de Feycu', denominado así por la gran cantidad de trabajadores de esta empresa de Xirivella que lo utilizaban para volver a sus casas, casi todas situadas en los municipios de l'Horta Sud. 27 personas perdieron la vida.
Pero es que, el 3 de julio de 2026, se cumplirán 20 años de uno de los episodios más dolorosos e indignantes vividos como sociedad: el accidente del metro de València. En ocasiones cuesta separar lo personal de lo profesional, aunque se presupone que los periodistas deberíamos poder hacerlo siempre. Mentira. Cuando es tu entorno quien sufre el golpe, tu gente o tu territorio, mantenerse frío es algo solo asequible a almas gélidas y, sin encima se produce el ninguneo institucional que se vivió entonces, más. 43 personas perdieron la vida. El mismo número de vidas humanas que se han perdido ahora en Adamuz.
De aquel accidente salió un mejor sistema de protección para el metro y de la dana, sin duda, un mecanismo de aviso a la población que los gobernantes tendrán muy presente desde ese día en que no lo usaron. En Xirivella se quitó el paso a nivel. En el lodazal de la tragedia cuesta ver un futuro más seguro. Y más, cuando todo parece fallar y el dolor lo invade todo. Por eso, insisto, son días para acompañar a las familias y amigos de los fallecidos, pero es clave que, una vez enterradas las víctimas, la verdad y la responsabilidad cojan el timón del relato. Por justicia y porque el sufrimiento de no hacerlo ya lo vimos y vivimos hace 20 años aquí.
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