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Opinión

La primera final de Castro

El Levante UD ha programado un recibimiento especial al equipo

El Levante UD ha programado un recibimiento especial al equipo / F. Calabuig

Cada declaración de Luís Castro me parece más sensata y acertada, tanto por lo que dice como por lo que no dice. Y todo ello pese a lo que representa como apuesta de riesgo para el Llevant, y pese a que, tras el desastroso inicio liguero (e, inmersos en el actual tramo del calendario, muy exigente), seguimos a demasiados puntos de la salvación. En mi opinión, en este tramo de la temporada, en esta miniliga particular contra Elche, Atlético, Athletic, Valencia, Villarreal y Barça, no habría que mirar demasiado la tabla clasificatoria. Sé que es complicado no hacerlo y que en el fútbol es difícil abstraerse de las dinámicas, casi siempre marcadas más por frías cifras que por sensaciones. Aun así, sería importante ser capaces de valorar, desde el cese de Calero, las mejoras estrictamente futbolísticas y su calado. Es decir, no sirve cualquier mejora. Deben tener entidad suficiente para servir al objetivo, la permanencia. Y nosotros, como afición, como hinchada, debemos ser capaces de interpretarlas, más allá del resultado. Y, en todo caso, sí que habría que marcarse un reto: sacar seis puntos de esos 18. Sumar nueve sería magnífico. Y rascar alguno más, extraordinario. Pero mínimo seis, y eso son Elche y Valencia. Por tanto, hoy no se puede fallar, pese a enfrentarnos a una potente escuadra ilicitana (con una puesta en escena ambiciosa) que, sin embargo, comienza a dar muestras de debilidad, como ya le sucedió en alguna fase del curso pasado.

Castro dice que, con la Liga en marcha, su prioridad no es implantar el sistema de juego que él desearía, sino mejorar día a día, partido a partido, en todas las fases del juego. Y está cargado de razón. Sin embargo, la reestructuración de la plantilla es toda una declaración de intenciones: aunque con escasos recursos, se han reforzado las bandas con Tunde, Cortés y Tay… Y se pretende a Thiago, otro extremo. Casi cualquier entrenador que tuviera en sus filas a dos rematadores como Etta y Espí, querría contar con la opción de meterles balones desde las bandas, sin sacrificar defensivamente al equipo. No fiarlo todo al juego interior y a las subidas esporádicas de los laterales. Pura lógica, pura sensatez. El fútbol es dinámico, con los famosos minipartidos dentro del partido. Ni siquiera hay por qué jugar siempre igual. Hacerlo es previsible y a veces no permite adaptarse al rival, ni hurgar en sus carencias, adecuadamente. Para ello hay que tener opciones. Desde el día de la Real Sociedad en Orriols, el Llevant ha mejorado notablemente sus prestaciones y ha demostrado que cuenta con futbolistas capaces de tejer un equipo mucho mejor del que habíamos visto hasta la fecha. Estamos en el buen camino, sin duda.

Pero hoy hay que vencer al Elche. El derbi debe quedarse en Valencia, como sea. Efectivamente, es una final. Con recibimiento al equipo. El levantinismo vuelve a tener fe y los aledaños del estadio serán un estallido de ilusión, a las 19:30. Orriols llevará en volandas al equipo granota. Es la hora de reconstruir el fortín que debe ser, desde hoy hasta mayo.

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