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Opinión

La vida ya no es igual

A finales de los 60, Julio Iglesias cantaba aquello de "la vida sigue igual", pero, aunque a veces parezca lo contrario, las cosas no son como antes, ni siquiera para los intocables. El movimiento feminista y la ola del MeToo han abierto grietas en los muros

Julio Iglesias, cantante acusado de agresión sexual

Julio Iglesias, cantante acusado de agresión sexual / Thais Llorca

Cada 25N, el Gobierno de la República Dominicana lanza una campaña puerta a puerta para prevenir la violencia de género. La iniciativa saca a la calle al funcionariado del Ministerio de la Mujer y a sus altos cargos para repartir información a la ciudadanía sobre cómo actuar ante las agresiones machistas. Ese día, la igualdad se trabaja sobre el terreno y, según cuentan, incluso ha permitido salvar incluso a mujeres en cuyas casas el timbre sonó justo a tiempo.

En el país caribeño, esa fecha tiene una gran carga simbólica. Como es sabido, Naciones Unidas declaró en 1999 el 25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en conmemoración del asesinato de las tres hermanas Mirabal a órdenes del dictador Trujillo, una propuesta que surgió del potente movimiento feminista dominicano y caribeño. Las hermanas, activistas del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, fueron asesinadas por su oposición política al régimen y porque su posicionamiento rompía el mandato de sumisión propio de su género. Un desafío doblemente intolerable para un régimen profundamente machista.

La idea de salir de los despachos y trabajar en el terreno más allá del marketing digital es una iniciativa rompedora de la que quizás se debería tomar nota en estas tierras donde el activismo se deja a las asociaciones y las instituciones, pese a honrosas excepciones, se limitan a las políticas de guante blanco. Con todo, la campaña dominicana ni es la panacea, ni llega a cada rincón. Jamás, desde luego, llamó a la puerta de esas mansiones y resorts de Punta Cana donde los más poderosos pasan sus días disfrutando de la impunidad que da su estatus. Como la de Julio Iglesias, entre cuyas lujosas paredes, según han denunciado dos exempleadas, tenía lugar todo tipo de abusos y violaciones. Ya se sabe que la masculinidad tóxica se sustenta en el poder y la dominación y, si además, hay dinero de por medio, la bula está servida.

Sin embargo, las cosas ya no son como antes. A finales de los 60, Julio Iglesias cantaba aquello de "la vida sigue igual", pero, aunque a veces parezca lo contrario, las cosas no son como antes, ni siquiera para los intocables. El movimiento feminista y la ola del MeToo han abierto grietas en los muros (también en los ostentosos), lo que ha permitido que quienes antes callaban por miedo y desprotección hoy se atrevan a denunciar. La vida, pues, ya no es ni será igual para los depredadores.

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