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Opinión | Traspapelado

València

La cultura sigue dando guerras vacías. Por la tarde fui a nadar

Es posible que el libro del Premi Nadal desmerezca, pero saetear a Uclés sin que haya visto la luz la novela suena a ejercicio de cultura de boina española. Como la de aquellos viejitos reserva del 98 que despellejaban a Blasco Ibáñez por su éxito

David Uclés, con el Premio Nadal.

David Uclés, con el Premio Nadal. / LORENA SOPENA

La adolescente más bella del mundo sola con un libro. Alguien joven sin pudor y sin género que exhibe su condición de artista. Una pareja de edad dispar con las manos juntas sobre la mesa. Una mujer con la confianza tan alta para pasearse con una cofia dorada. Todos unidos por Pollock. O por Warhol. Me gustan las cafeterías de los museos internacionales porque todo es posible en un ambiente de asepsia e indiferencia que ni la ONU. Nada extraña siempre que se abone la consumición. Nada importa que se junte quien desayuna con quien engulle una comida de dos platos.

Es un universo ajeno a las batallas en las que periódicamente se enzarza la cultura de este país. No sé ya si el motivo de la última es el éxito de David Uclés (en ventas de La península de las casas vacías, presencia pública y premios: el Nadal) o las críticas al escritor de moda. Pero es el tema, lo que no deja de ser otro síntoma de triunfo: quizá el principal en estos tiempos de redes amplificadoras y trituradoras. Nada nuevo en esta cultura carpetovetónica siempre dispuesta a mostrar su lado casposo.

Es repetir la evidencia, pero ni el éxito es garantía de calidad ni tampoco de lo contrario. Es una obviedad que algunos de los últimos premios Planeta son productos comerciales sin mayor interés, pero no deja de ser verdad que ha habido buenos premios. Cierto que hace ya años, pero El mundo es posiblemente la mejor novela de Millás, aunque ganara el Planeta (2007), y El jinete polaco es una soberana obra de Muñoz Molina y también se llevó el bien provisto galardón (1991). ¿Abandona la aristocracia literaria Uclés por dejar un sello mediano, pasar a la gran factoría editorial, ser conocido y ser habitual en clubes de lectura? Admito que me interesan poco Uclés y sus cosas, y es posible que el libro del Nadal desmerezca, pero saetearlo sin que haya visto la luz suena a ejercicio de cultura de boina española. Como la de aquellos viejitos reserva del 98 que despellejaban a Blasco Ibáñez por su éxito (este siempre es económico para serlo).

El triunfo de Chema Cardeña con 'La gran cena' es otro tipo de éxito (quizá sea necesario otro nombre), el que se curte en salas pequeñas, de boca a oreja y con un autor de larga trayectoria

Pensaba en estas batallas de capillitas en la cafetería del museo. Y pensaba en el sentido del éxito en nuestro rincón valenciano. La gran cena ha llenado la Sala Russafa durante cinco semanas. Una comedia hiperbólica y distópica (así parece que es todo en este tiempo), y cargada de crítica. Puede que no sea su mejor pieza, pero los llenazos coronan la trayectoria sólida, personal y sin aspavientos de Chema Cardeña, que ve también cómo aguanta en cines otra de sus creaciones: La invasió dels bàrbars. Es otro tipo de éxito (quizá sea necesario otro nombre), el que se curte en salas pequeñas, de boca a oreja y con un autor de larga trayectoria, pero es meritorio.

Escena de 'La gran cena'.

Escena de 'La gran cena'. / Levante-EMV

En la polémica en torno a Uclés, el crítico Nadal Suau se servía de aquella anotación en los diarios de Kafka: “Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar”. Yo también me voy a nadar. Quédense con sus guerras.

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