Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

València

Mercosur: ¿No estábamos contra los aranceles?

El acuerdo con los países del sur de América es vital para los intereses europeos en un mundo trastocado por las políticas comerciales y geoestratégicas de Trump

Ursula von der Leyen y el presidente de Brasil, Lula da Silva, en el centro, firman Mercosur

Ursula von der Leyen y el presidente de Brasil, Lula da Silva, en el centro, firman Mercosur / Europa Press

Tal vez la principal pregunta a responder sea la siguiente: ¿Creemos o no en la liberalización del comercio? Este año pasado ha sido pródigo en ocasiones en que esta cuestión ha estado en el debate público. Porque el regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos ha dinamitado las convenciones de las últimas décadas con la imposición de aranceles a diestro y siniestro. Las democracias capitalistas e incluso capitalismos dictatoriales, como la China de Xi Jinping, han dicho alto y claro que sí, que creen, que un mundo abierto da más oportunidades para todos que uno cerrado. Aunque la memoria está mal vista últimamente por parte de algunos, revisen las imágenes de aquella España franquista de la autarquía y cómo cambió tras la apertura de finales de los cincuenta del siglo pasado.

La Unión Europea, tras ver por dónde soplan los aires en Washington, se ha apresurado a cerrar un acuerdo con los países del Mercosur, liderados por Brasil, que se estaba negociando desde hace 25 años. También corre para lograr un pacto con India, ya el Estado más poblado del mundo. Tantas prisas del Ejecutivo comunitario presidido por Ursula von der Leyen se explican por las convulsiones geoestratégicas que Trump, por un lado, y el dictador ruso Vladímir Putin, por el otro, sin olvidar el avance al liderato mundial de China, han provocado en esta tercera década del siglo.

Impulso

Bruselas sitúa este nuevo impulso bajo dos prismas: la necesidad de diversificar mercados para los productos europeos ante la nueva política arancelaria de Estados Unidos y de encontrar suministros seguros para evitar la dependencia de China sobre todo en las denominadas tierras raras, imprescindibles en la nueva economía tecnológica y digital. Ambos objetivos se cubren gracias al acuerdo con Mercosur desde el punto de vista de la UE. En el caso de las materias primas críticas, gracias al gigante brasileño, sobre todo, sin olvidar Argentina, en cuanto a la industria y los servicios, todos los países del bloque son apetecibles.

En pactos globales de estas magnitudes es inevitable que haya ganadores y perdedores, por los dos bandos. Es cierto que los agricultores de aquí pueden esgrimir que su sector siempre se convierte en moneda de cambio, pero es inevitable que esto suceda cuando estás en la zona digamos rica. Cada parte cede en lo que le resulta menos estratégico para ganar en lo que sí lo es. Mercosur es potente en las actividades primarias e impone beneficios en ellas al tiempo que ‘pierde’ en la industria, por ejemplo, aunque a la postre las inversiones europeas en ese sector puedan comportar un renovado impulso. De hecho, en Argentina son las empresas de la actividad secundaria las que temen los efectos del acuerdo.

Memoria

Pero hagamos otro ejercicio de memoria. Cuando España negociaba su entrada en la entonces Comunidad Económica Europea, Francia fue el país más reticente porque temía una invasión de productos agrarios españoles. Su industria, por contra, no tenía el menor problema. Aquí era a la inversa. A la postre, ambos se beneficiaron. Ahora hagan un somero repaso a cómo ha cambiado este país desde su incorporación a la UE y se pregunten: ¿Valió la pena? Si, como yo, creen que sí, también han respondido a la cuestión que encabeza este artículo.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents