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Opinión

Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano - Universitat Jaume I

La coeducación en peligro

Imagen de archivo.

Imagen de archivo. / MAR FERRAGUT | Sergio Pérez. EFE

Era solo cuestión de tiempo que el negacionismo llegara a las aulas en forma de disposición administrativa. No fue una sorpresa. Bastaba con mirar hacia atrás y establecer la correlación causa-efecto entre las declaraciones de las más altas esferas educativas y las posibles líneas de actuación futura. Se veía venir, se sabía de antemano y del dicho al hecho ya no hubo trecho. En ese contexto resultaba fácil dejar en segundo plano las cuestiones específicas relativas a las niñas y las jóvenes y omitir la aplicación de medidas educativas transformadoras para conseguir la igualdad real y efectiva. ¿Para qué concretar medidas dedicadas a educar en y para la igualdad, cuando se niega la mayor? Es lo que se trasmite y se deduce del nuevo Decreto de Convivencia del Gobierno Valenciano en vigor desde el pasado 7 de enero.

En este planteamiento jurídico educativo se presupone erróneamente que las etiquetas sexistas, los automatismos machistas y las inercias misóginas han dejado de funcionar en la escuela y en la sociedad. No es el caso, más bien es todo lo contrario y por eso mismo no se le da relevancia al derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia sexista o se deja sin consideración las reivindicaciones feministas relativas a la igualdad de oportunidades y de trato. Se explica así la inhibición a incorporar de manera explícita y transversal la coeducación en las aulas. De ahí la tensión dialéctica y contestación crítica que este nuevo Decreto ha recibido a través del manifiesto firmado por más de 80 asociaciones que llama a la rectificación y que ha impulsado la Associació per la Coeducació.

Dadas las circunstancias no está de más recordar que en la práctica docente hay que saber distinguir entre el currículo formal o explícito, el currículo oculto o implícito y el currículo omitido. Elena Simón Rodríguez lo dejó bien claro en su libro La igualdad también se aprende que publicó en 2011. Grosso modo el primer currículo responde a los contenidos que deben enseñarse y evaluarse. El segundo se refiere al lenguaje, uso de espacios, roles, estereotipos y a todo aquello que no se enseña, pero se aprende. Finalmente, el tercero alude a lo que se considera socialmente necesario y conveniente aprender, aunque no se haga sistemáticamente en el ámbito de la institución escolar. En otras palabras, es lo que se debe enseñar y aprender en estos momentos, en nuestra época, pero no se enseña ni se aprende.

Los tres tipos de currículo son importantes y los tres han de replantearse la defensa de los derechos humanos de las niñas y de las mujeres. Sin embargo, es el currículo omitido el que es preciso desactivar para relanzar la labor alfabetizadora del profesorado que ha de sacar de la ignorancia a las generaciones futuras que ya no podrán excusarse por no saber lo que debe saberse en pleno siglo XXI. En esa línea han de considerarse contenidos formativos vinculados a la resolución de conflictos con perspectiva de género, a la violencia machista, al lenguaje inclusivo o a la recuperación de los logros y los méritos de las mujeres en su trascendencia histórica. Si nada de esto se trata con la especificidad pedagógica que requiere, la coeducación estará en peligro y también lo estará el bienestar de las familias y de la sociedad entera.

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