Opinión | En el barro
El futuro está más cerca de lo que creemos
Junto a la escenificación bufa de Trump, se está produciendo un gran desplazamiento geopolítico que se puede resumir con trazo grueso así: Estados Unidos está abandonando Europa

Líderes de la ultraderecha europea, con Santiago Abascal en el centro. / SERGIO PEREZ
No es que sea protagonista cada día, es que lo es varias veces al día con declaraciones, salidas de tono o inventos sonoros. Ahora en el avión, luego ante un atril, más tarde sentado en el Despacho Oval envuelto de figurantes y después en un acto público moviendo los bracitos al ritmo de una música pegadiza. En una democracia tan experimentada como la americana, sería de necios pensar que es casual.
No sé si es ese el fin, pero junto a la escenificación bufa, se está produciendo un gran desplazamiento geopolítico que se puede resumir con trazo grueso así: Estados Unidos está abandonando Europa. Lo que significa que el mundo que conocimos, el surgido de la II Guerra Mundial, está dejando de tener sentido. Significa que la ONU y la OTAN ya no sirven tal como han sido y por eso asoman experimentos que habrá que ver en qué acaban, como la Junta de Paz auspiciada por Él, o interesan solo si operan de otra manera, que es lo que se atisba con respecto a la Alianza Atlántica, donde EE UU ya no está dispuesta a financiar la seguridad de Europa y exige más recursos (empezando por España), y contempla incluso saltarse normas básicas y apoderarse (de una manera u otra) de un codiciado “trozo de hielo” de otro país miembro.
Ahora que la geopolítica es asunto de barra de bar, conviene saber que esta es siempre economía
Ahora que la geopolítica es asunto de barra de bar, conviene saber que esta es siempre economía. En el fondo siempre hay intereses económicos. Rusia era el principal rival hegemónico en el mundo que conocimos. En el de hoy, China es el gran enemigo para la supremacía de Estados Unidos. Y así, el tablero de ajedrez en el que nos criamos ha dejado de funcionar.

Donald Trump en el avión tras dejar el Foro de Davos. / Associated Press/LaPresse
La cuestión ahora es qué pasa con Europa. Y mirado más de cerca: qué puede hacer la Comunitat Valenciana para situarse en lo que venga. No es aventurado decir que Europa está ya en un momento crítico. La OTAN ha sido un factor de estabilidad interna en todas estas décadas. Si ese paraguas se va cerrando, la primera incógnita es si Europa va a continuar actuando de manera coordinada en materia de defensa o resurgirán las veleidades históricas entre Alemania, Francia y Gran Bretaña por dominar el viejo espacio. Porque los resabios del pasado colonial y de un gran poder permanecen. Se ve en las votaciones importantes de la Unión Europea, como la del Mercosur de esta semana, donde el papel de los eurodiputados franceses (de todos los partidos) ha sido clave.
El citado acuerdo con Mercosur es la primera demostración de que Europa (Bruselas) está viendo los grandes cambios y está moviéndose. Mercosur es actualizar una vinculación de cinco siglos de historia con Hispanoamérica para crear el mayor espacio de libre comercio del mundo (hispanófono, por cierto). Por eso concita tantos intereses y por eso Europa no es el único pretendiente, como bien está demostrando Trump.
Mercosur es actualizar una vinculación de cinco siglos de historia con Hispanoamérica para crear el mayor espacio de libre comercio del mundo (hispanófono, por cierto)
Pero Europa también tiene planes avanzados de acuerdos con India, Australia, Canadá, Filipinas... Han sido significativas las palabras del mandatario canadiense, Mark Carney. Una llamada a no tener miedo a lo que pueda venir. Suena bien un posible eje entre Europa, América del Sur y buena parte de la Commonwealth. Suena demasiado bien, posiblemente.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro de Davos, Suiza. / Associated Press / LaPresse
Si hay una desconfianza en Europa (y hacia Europa) es porque internamente existen pocas seguridades hoy sobre el proyecto europeo. Los escépticos han ganado espacio, por la derecha extrema y por la izquierda extrema, formaciones que no esconden sus complicidades (también económicas) con Trump (los nuevos patriotas autoritarios) y con Rusia (la izquierda más radical). En el caso citado de Mercosur se ha visto cómo esos extremos son ya capaces de ganar votaciones. Ese es el escenario, en el que esos radicales nuevos, aliados de Trump, van ganando posiciones internas en los distintos países. No se trata solo de Hungría. Ni de la situación indefinible de Italia. Se trata del avance de esas formaciones trumpistas en Alemania, Francia y España.
Importa que Vox gobierne en España, aunque sea como aliado del PP, por las consecuencias que tendrá en el proyecto europeo y en el mundo en creación
Lo que está en discusión en esa partida que ya ha empezado es el papel de Europa en el nuevo orden mundial: sometimiento a Trump (y a los que vengan después de él si esa deriva no es derrotada) o creación de un nuevo espacio de grandes alianzas a partir de los principios ilustrados fundacionales. Por eso importa si se puede permitir que Vox (nuestra particular derecha trumpista) gobierne en España, aunque sea como aliado del PP, por las consecuencias que todo ello tendrá en el mundo en creación. Yo creo que no y que esa misión compete al PP y también a la izquierda moderada y europeísta. Lo que ocurra en los países de Europa será clave en la configuración de ese nuevo orden. Casi tanto como lo que suceda en las próximas citas electorales en EE UU: porque existe reacción posible. En ese tablero inestable estamos.
Recurría Leonardo Padura en un artículo reciente a un bello aforismo: si ves el futuro, dile que no venga. Así estamos. Sin saber si es mejor que no venga o que lo haga rápido. Es solo miedo a que se haga grande e invencible la ola autoritaria. Pero existe la esperanza también de algo nuevo y positivo a partir de los valores que nos han constituido. Como sucedió en los años 40 del siglo pasado. Algo de razón tenía Zelensky en su reprimenda de esta semana: “Europa ama discutir el futuro, pero evita actuar hoy”. La realidad es que el futuro está próximo. No es que esté llamando a la puerta, es sobre todo que depende de decisiones cercanas, también en la Comunitat Valenciana y en España. El orden mundial no está tan lejos.
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