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Opinión

Nosotros

La ONU era una falacia, el Tribunal de la Haya era una falacia, la OTAN era una falacia. Todo era un escenario ficticio y ha volado por los aires

El Consejo de Seguridad de la ONU.

El Consejo de Seguridad de la ONU. / AFP

Sobre todo desde la II Guerra Mundial vinieron creando un “nosotros”, un sujeto incluyente por imposición. La alternativa era el averno, decían. De hecho, pocas posibilidades había de conocer la otredad, más si cabe tras la caída del muro. Incluirse en el “nosotros” era asumir la voz del amo, el poder del ejército, el modelo de exclusión creado en contraposición a un mundo alternativo que quedaba relegado. “Nosotros” era Hollywood o reconocer las calles de New York sin haberlo visitado, era (y es) comer basura indigesta por el efecto del marketing, que aporta aspiración de ser. “Nosotros” es (siempre lo ha sido pero ahora ha quedado más claro todavía) asegurar los intereses patrios del capital norteamericano. Las instituciones mundiales y los marcos de consenso para la convivencia pacífica solo eran válidos mientras sirviesen para la expansión del mercado. De no ser así, todo se vuela y cae quien tenga que caer, incluso la democracia.

Asumir el “nosotros” en contraposición a la URSS antes y a China y Rusia hoy era y es apoyar la moral del autoritarismo, que fue germinando en los EE UU cual enfermedad que, cuando se manifiesta, es mortal. La democracia era una herramienta de persuasión. Lo sigue siendo pero, como teorizaba Boaventura de Sousa Santos, su sociedad es políticamente democrática pero socialmente fascista. Y ahora quizá ya ni eso porque incluso desde la institución (desde la Casa Blanca) se promociona la ley del más fuerte, la crueldad y el sadismo. Pocas cosas menos democráticas. El poder ha asumido allí el derecho a negar derechos. Se lo han permitido por omisión y desidia. Y ya saben lo que dicen, cuando Estados Unidos estornuda, el mundo se resfría.

Cuando nos hemos dado cuenta de qué es eso del “nosotros”, hemos descubierto que desconocemos totalmente qué somos, superados por lo que nos viene dado. Y ahora ese “nosotros” nos acecha a las puertas de casa. El mundo en peligro.

La soberanía de las naciones era una falacia, un trampantojo. Los derechos individuales eran una falacia. El progreso era una falacia. Realmente era el empobrecimiento de la vida e incluso de los productos bajo el embuste de su renovación compulsiva. La ONU era una falacia, el Tribunal de la Haya era una falacia, la OTAN era una falacia. Todo era un escenario ficticio y ha volado por los aires.

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