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Opinión

No basta con recordar

Campo de concentración de Auschwitz, en una foto de archivo

Campo de concentración de Auschwitz, en una foto de archivo / L-EMV

Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz, nos dijo: “Los que estuvimos allá, nunca vamos a poder salir; los que no estuvieron, nunca van a poder entrar”.

Hoy, 27 de enero, día internacional de conmemoración del Holocausto, adquieren relevancia las palabras con las que León Felipe describió en 1965, en el 20 aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz, sus horrores: “… Dante, Blake, Rimbaud / que hablen más bajo… / … / Hoy / cualquier habitante de la tierra / sabe mucho más del infierno / que esos tres poetas juntos. / Ya sé que Dante toca muy bien el violín… /…/ Esto es otra cosa... otra cosa... / ¿Cómo te explicaré? / … / ¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín. / Aquí se rompen las cuerdas de todos / los violines del mundo. /…”.

Cerca de seis millones de judíos fueron asesinados en la Shoá, (literalmente, “Catástrofe”) víctimas de la Solución Final. En 1939, dos tercios de los judíos europeos, un tercio de su población mundial; hoy, en 2026, la población judía en Europa se estima en aproximadamente 1,3 millones de personas. Pero el Holocausto no comenzó en Auschwitz. Antes, se preparó un clima de odio; a las víctimas, se les quiso borrar su condición humana. Imre Kertész pedía “Y dejad de decir, por favor, que Auschwitz no tiene explicación”. Por ello, Theodor W. Adorno podía afirmar que “la exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de toda educación.”

Y porque incluso el recuerdo puede lastimarse, Wiesel también preguntó: ¿Alcanza con recordar? Respondió Yehudá Baer que recordar es sólo el primer paso. El segundo, dijo, es “aprender y enseñar el Holocausto y todo lo que sucedió en cuanto a racismo, antisemitismo y xenofobia”. Y para comprender la especificidad del antisemitismo en cuanto ideología de odio, con sus ataques a un supuesto poder conspirativo, se incluye, en el “Plan Nacional para la implementación de la estrategia europea de lucha contra el antisemitismo, 2023-2030”, aprobado por el consejo de ministros en enero de 2023, como su tercer eje, no solo la memoria y la pedagogía, sino también la investigación. Fue el 5 de octubre de 2021 cuando la Unión Europea aprobaba su estrategia para responder a la preocupación por la pervivencia de discursos, ideologías y actitudes antisemitas y, por otra parte, responder a la repetición de graves hechos contra la vida, los lugares de culto, los cementerios y los bienes de personas y comunidades judías. Un plan que partió de una idea: una Unión Europea sin antisemitismo. Fue dos años antes de que el 7 de octubre de 2023 los ataques más mortales después del Holocausto contra la población judía en el sur de Israel reavivaran también en Europa el viejo fantasma del antisemitismo. Por ello la implementación de la Estrategia europea y del Plan nacional cobran una urgencia no prevista por sus autores.

El aumento de los discursos de odio de un viejo antisemitismo disfrazado nos hace ver que la pedagogía sobre el Holocausto es necesaria. Para explicar que no fue un accidente inevitable de la Historia; para explicar la unicidad y singularidad de la Shoá y para explicar, como hizo Zygmund Bauman, que el Holocausto se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna y racional. Que el Holocausto es una ventana y no un cuadro en una pared y que, al asomarse por esa ventana, escribió, “se vislumbran cosas de la mayor importancia, no sólo para los autores, para las víctimas y los testigos del crimen, sino para todos los que estamos vivos hoy y esperamos estarlo mañana”.

Éste era, quizás, era el mayor deseo de Violeta Friedman, también superviviente de Auschwitz-Birkenau: Así las semillas del odio no vuelvan a brotar de nuevo.

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