Opinión
Cuando la democracia deja de serlo

Protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), cerca de la Casa Blanca, tras el fatal tiroteo de una mujer por parte de un agente de dicho servicio en Minneapolis, el jueves 8 de enero de 2026, en Washington / AP/Rod Lamkey, Jr.
Un Estado es democrático o no lo es. Quedarse a medias se puede analizar y conceptualizar, pero no es posible considerarlo como una democracia. En una suerte de medio camino es donde empieza a ubicarse el país que la vio nacer. Donald Trump está rompiendo las reglas del juego tanto hacia afuera como hacia adentro. Crecen la tensión y el odio en Estados Unidos mientras se normaliza la violencia como mecanismo para la resolución de conflictos que, por otro lado, auspicia la propia Administración.
La paradoja es la que nace de la inseguridad provocada en nombre de la seguridad y del miedo generado por quienes deberían ahuyentarlo. La tristeza es la que ofrece ver la degradación política y moral de la potencia que antaño iluminó al resto. El dilema es el que tiene la sociedad norteamericana: reaccionar pacíficamente, pero con contundencia a todo esto o, por el contrario, asumir la legitimación del uso de la violencia. Lo que parece claro es que una reacción social a medias tampoco será viable. El desastre podría venir de una escalada violenta en las calles junto a una mayor respuesta represiva por parte del Estado.
El asesinato de Alex Pretti por agentes federales hace unos días en Minneapolis pone de manifiesto que la posición de la Administración Trump no es únicamente contra la migración. O la detención del niño de cinco años, Liam, como ejemplo de la crueldad ejercida sobre los más indefensos. Tanto los derechos humanos, con su carácter universal, como los derechos fundamentales son inherentes a todo sistema democrático. Su vulneración, como está ocurriendo actualmente en Estados Unidos, es una violación a la democracia. Se podría decir que Trump la está desmantelando sin reparo alguno.
El momento actual es clave, como un punto de inflexión. Las cosas podrán empeorar o mejorar. Lo que no parece sostenible, en mi opinión, es que perdure en el medio y largo plazo en estos términos. Trump tiene la responsabilidad sobre la evolución de esta forma de proceder y sus consecuencias. Si sigue cargando contra personas inocentes, ya sea por ser extranjeras o por protestar, podría empeorar. Si una gran mayoría social comenzara a despertar presionando pacíficamente contra la brutalidad de su gobierno, podría mejorar. Por lo pronto, en Estados Unidos la democracia va camino de dejar de serlo.
- Perfumerías Prieto notifica a sus clientes que cierra sus tiendas el 31 de marzo
- Los servicios sociales localizan a 15 personas en el asentamiento de chabolas de Mestalla
- Un ciberataque paraliza durante dos días al gigante valenciano de los zumos
- Las obras del AVE en València sacan una necrópolis islámica, una alquería y un parapeto de la Guerra del Francés
- Oculto con plásticos negros y tras el rótulo de una ferretería cerrada: así operaba el taller clandestino clausurado por la Guardia Civil en Guadassuar
- Oliva tendrá una almazara municipal ante el aumento de plantaciones de olivos
- Una generación 'disfrutona' y un emprendedor de Albacete, detrás del éxito del tardeo en València
- València construirá 644 en pisos en suelo recuperado al cabecilla de la trama Azud, que se lo adjudicó en la época de Barberá
