Opinión | Bolos
La factura electoral del caos ferroviario

Tráfico denso en la principal estación de cercanías de València, la Estación del Norte, en una imagen de archivo. / Miguel Ángel Montesinos
Cercanías lleva tiempo siendo ejemplar en su puntualidad… en el desastre. No hay día sin incidencia, y cada explicación oficial añade una nueva capa de enfado al ya paciente ánimo de los usuarios. El último capítulo de esta saga ferroviaria es el encargo por parte de Renfe de 211 trenes de gran capacidad por 2.445 millones de euros. Una inversión histórica, aseguran. Histórica, sí, aunque con un fino sentido de la selección. Porque en València seguiremos contando con los mismos 50 convoyes de siempre para cubrir 300 servicios diarios. Según la compañía, más que suficientes. No para evitar retrasos diarios, cancelaciones intermitentes o vagones convertidos en latas de sardinas humanas, pero suficientes.
Este martes, sin ir más lejos, una avería volvió a convertir la tarde en un ejercicio de resistencia colectiva. Las líneas C1 y C2 sumaron demoras de hasta veinte minutos, servicios cancelados y miles de pasajeros atrapados en plena hora punta. Durante más de una hora, la normalidad estuvo oficialmente desaparecida. Y cuando reaparece, como suele ocurrir, ya es de madrugada.
Que las compras se realicen de forma centralizada y que el reparto de unidades atienda a criterios técnicos no debería ser un problema. El problema es que nadie parece tener prisa en solucionar el problema. ¿No viajan en tren? Da la impresión de que los retrasos no cuentan, de que las averías forman parte del folclore ferroviario y de que el enfado ciudadano no puntúa en los informes internos.
Lo más doloroso no es el agravio comparativo, sino la naturalidad con la que se asume. Como si fuera perfectamente razonable que una de las áreas metropolitanas más pobladas del país disfrute de un servicio de Cercanías de segunda división. Aunque, pensándolo bien, quizá parte de la responsabilidad sea nuestra, porque mientras sigamos sin una coordinación metropolitana, nadie nos tomará demasiado en serio y habremos aceptado como normal viajar tarde, mal y apretados.
Movilidad y vivienda van de la mano, aunque parezca que nadie quiera coger ese tren. A Pedro Sánchez ya le está pasando factura y, por mucho que Pilar Bernabé haya salido reforzada de la comisión de investigación del Senado, la gestión de Cercanías no se evaporará en las urnas. Igual que Metrovalencia con Pérez Llorca.
Suscríbete para seguir leyendo
- Usuarios de la línea C2 en Xàtiva: 'Ya no puedo coger el tren que necesito, ahora me tocará pedirle a un familiar que me lleve
- Ayuntamiento y Puerto anuncian el 'inminente' convenio para licitar el Parque de Desembocadura
- Demandan al Ayuntamiento de València por permitir 'discotecas falleras' en un edificio residencial
- Las obras del AVE en València sacan una necrópolis islámica, una alquería y un parapeto de la Guerra del Francés
- Una inversión de nueve millones reformará el paseo marítimo de Cullera para reforzar su protección frente a los temporales
- Varapalo definitivo al Ateneo: el ayuntamiento rechaza el recurso para legalizar su terraza
- Particulares piden de manera fraudulenta hasta mil euros por empadronarse en Gandia
- Se reanuda el metro en Godella interrumpido por un atropello mortal
