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Opinión | La veleta de papel

Teocracia

Protesta en Portugal contra el régimen de Irán

Protesta en Portugal contra el régimen de Irán / MARCOS BORGA/EFE

Hace muchos años éramos tan crédulos e inconscientes como suelen ser los jóvenes; nos alegramos del triunfo en Irán de Jomeini y los ayatolas en su revolución del 79. Celebramos la instauración de una teocracia, que es difícilmente compatible con progreso, democracia y libertad. Junto con otras fuerzas opositoras, Jomeini era la cara de una revolución contra el régimen represivo del sah Pahleví, pero pronto los que pensaban distinto fueron duramente reprimidos por los ayatolás que impusieron sus rígidas y restrictivas normas con mano de hierro.

Los recientes acontecimientos en Irán que son la continuación de una larga lucha de sus ciudadanos, y sobre todo ciudadanas por lograr la libertad, nos permiten reflexionar sobre la conveniencia o no del gobierno de los religiosos, o para ser más precisos, de los fanáticos ortodoxos de cualquier signo. Tengamos claro que un clérigo (o político) por serlo no pierde ninguna capacidad, pero tampoco gana.

Hay siete países teocráticos, cuyos derechos y libertades no son homologables a Europa. Si un hombre (o hombres), se asigna ser intérprete en exclusiva de la voluntad divina y lo usa, no como desborde de bondad, sino para regular rígidamente cada particularidad de una sociedad, estamos lejos de Dios y cerca del dolor y frustración. Implantar una policía de la moral es aberrante y significativo.

Umberto Eco en su obra En el Nombre de la Rosa, escribe que el abad ciego (Iglesia) consideraba el libro más peligroso jamás escrito la Comedia de Aristóteles sobre la risa; algo esencialmente humano. Es escalofriante que los talibanes afganos prohíban que se escuche la voz de la mujer, mucho menos su risa. O prohibirles mostrar el cabello o el rostro que justamente las individualiza. Dios no pide y menos ordena que, en su nombre se mate, encarcele o apedree a amantes o discrepantes, ni si quiera herejes o infieles. Dios no condena por reír. Cada pueblo tiene derecho a decidir su destino; y sin renunciar a Dios, ni a sus tradiciones ancestrales (sin deificarlas), encontrar el progreso libre de sus gentes sin el yugo del fanatismo.

De las religiones del Libro, el cristianismo desde sus orígenes batalla por su independencia y libertad doctrinal, separada nítidamente del poder civil y por ello murieron muchos mártires. Aquí recientemente mezclamos religión y política, y no fue bueno ni para la fe ni para la sociedad laica, al contrario esa confusión político religiosa causó dolor, perversión, represión, incomprensión y rechazo; todavía sufrimos sus consecuencias. Algún obispo y político oportunista añoran volver a aquella alteración de prioridades de cada estamento social.

Las religiones aspiran a una sociedad mejor, más perfecta según su fe, sus servidores deben opinar sobre lo que crean que es conveniente, ganándose el respeto social predicando con ejemplo y coherencia, pero nunca forzar. Nadie posee la Verdad, ni el saber absoluto; no hay Universidad, Monasterio o Seminario, cuyos estudios no sean revisados con el tiempo. No hay dogma humano eterno. Nadie concreto y todos sin excepción, son destinatarios de revelación. Amar, seducir y convencer no imponer.

En la casi totalidad de los países teocráticos vigentes, sus sociedades cada día se hunden más en un feudalismo brutal y antiquísimo. Si esta realidad o cualquier injusticia no golpea nuestra conciencia y nos impele a actuar, sabremos hasta dónde nos hemos embrutecido. A las deshumanizadas clases dominantes únicamente les interesa dinero y poder, pero para la inmensa mayoría de la sociedad, lo esencial es la vida en sentido amplio. Universal, digna, bella y pacífica.

Es una lacra para la humanidad que las mujeres, vivan donde vivan, tengan un derecho menos que los hombres, sin ellas ni siquiera existiríamos; negarlo es de malnacidos. Que el silencio mediático no nos haga olvidar las legítimas aspiraciones de libertad y progreso de los pueblos de Irán y de Afganistán, especialmente de sus mujeres que han sido menospreciadas y cruelmente atacadas. Si EEUU e Israel atacan no será por defenderlos, sino para robarles. ¡Basta de feminicidios y represiones! El mundo por culpa del emperador naranja no está en el mejor momento para ayudar, pero debemos hacerlo por humanismo necesario para que nuestras sociedades sobrevivan. Usted ¿no lo cree?

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