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Opinión

Grupo de Estudios de Actualidad

La enseña nacional

Imagen de archivo.

Imagen de archivo. / ED

Llama la atención, estos días pasados, que tanto en Irán, como en Venezuela, los unos y los otros se enfunden en la misma y única bandera.

La bandera no deja de ser un ‘trapo’, que se besa y se dignifica, porque simboliza a la patria. Me contaba un psicólogo que una de las primeras manifestaciones de la pérdida de la memoria (Alzheimer) es precisamente la pérdida del simbolismo: ¿Oiga, va a usted a bajar en la próxima parada? A lo que el sujeto aludido responde con un exabrupto: ¿Y a usted qué le importa?. Cuando se habla de memoria histórica me viene a la cabeza esta anécdota: si lo tomamos todo en sentido estricto, es que estamos perdiendo la historia y su memoria, y el valor del lenguaje simbólico: el humor.

La bandera, que es un tipo de insignia, muestra la pertenencia a una corporación, un colectivo, que actúa en unidad de acción. También hay otras insignias que sirven para mostrar y definir el rango de pertenencia a dicha asociación, como suele suceder en las corporaciones jerarquizadas: el Ejército, la Universidad, etc., en el que cada uno porta el distintivo de su condición: teniente, capitán, coronel; o doctor en Farmacia, en Derecho, en Medicina, etc.

Desde antiguo, los diversos ejércitos se identificaban por la bandera o pendón a la que pertenecían los combatientes. La bandera se iza y señala dónde están los nuestros, para no verse envueltos por el enemigo. También señala una demarcación, un territorio, etc. Y hasta una situación, como el arriarla a media asta para señalar luto.

Cuando en el Renacimiento se forjan las primeras naciones modernas (España, Francia e Inglaterra) las banderas representan a los monarcas y sus ejércitos. Solo más tarde simbolizan a la nación. En el caso de España, la bandera de los Austrias es la de Borgoña, pues de allí procedía Carlos I: la cruz de san Andrés roja sobre fondo blanco. Con el cambio de monarquía (Borbones), la bandera sigue siendo blanca, pero con el escudo real borbónico que porta la flor de lis. Este tipo de bandera era muy similar en diversos reinos, y se izaba en los navíos, provocando confusiones y errores al no verse bien en la lejanía del océano. Por este motivo, Carlos III convoca un concurso en 1785 para elegir una bandera que pueda ser fácilmente distinguible en alta mar. Bien pudo inspirar la enseña catalano-aragonesa en la bandera rojigualda, porque se ve bien en los mares. Años más tarde, la reina Isabel II asume la enseña naval como bandera nacional.

Y ahora viene la pregunta ¿Por qué siendo la enseña nacional, la bandera colectiva del pueblo español, se la apropian los unos mientras otros la desprecian? Me parece que responde a una singularidad de vía estrecha: Spain is different. Parece como si molestara la pertenencia a la nación, o que ésta sea exclusividad de una parte. La pérdida del simbolismo es grave porque con ello extraviamos la realidad simbolizada: España; que deja de ser una nación para transmutarse en un ente burocrático. Quizá fuera profético lo que dijo el que lo dijo: el concepto de nación es un tema discutido y discutible. Porque una nación no es otra cosa que una solidaridad de un nosotros, para lo bueno y para cuando vienen mal dadas.

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