Opinión | Trencar l'enfit
La última persona que sabía hablar valenciano

El alcalde de Alicante que ha dejado a la ciudad sin oficina de promoción del valenciano. / Levante-EMV
Cuentan los libros que una vez, hace muchos años y en el mismo sitio que ahora habitamos, se habló un idioma denominado valenciano. Lo hablaba la gente de aquí, sus abuelos, bisabuelos y también algunas personas sensibles venidas de otros lares y que se habían animado a aprenderlo, como símbolo de respeto a la tierra que les había acogido. Dicen también que esta lengua servía para cosas tan sencillas y al mismo tiempo tan complejas como decir a alguien que le amabas, comprar el pan, cantar canciones, hacer sumas y viajar por países lejanos con preciosas historias imaginarias plasmadas en libros.
Esto que acabo de escribir podría ser ficción. O no. De hecho, esta triste distopía está hoy más cerca que nunca de ser una penosa realidad en una de las ciudades valencianas más importantes, por su peso económico, social, histórico y cultural: Alicante. Allí, su alcalde, Luis Barcala, ha decidido eliminar el único puesto de la Agencia de Promoción del Valenciano que hay en la ciudad, tras varios meses sin cubrirla. El dirigente popular ha considerado que es mejor amortizar la plaza de licenciado en Filología Valenciana en la plantilla de 2026 mientras la web municipal permanece sin contenido en la lengua propia.
¡Qué pobres somos siempre cuando en vez de sumar, se resta! Tengo una amiga que da clases en un colegio donde se hablan, en una sola clase, 12 idiomas diferentes. Imaginen qué riqueza. Solo uno de ellos, Pau, habla en valenciano. El resto hablan español o lenguas procedentes de los países de sus padres, en una Torre de Babel que es el puro reflejo de la diversa sociedad valenciana actual. ¿En qué momento puede alguien pensar en restar abundancia y en suprimir algo cuando ya de origen, regalado, tienes más cultura, más riqueza, más posibilidades? ¿En qué momento puede alguien pensar en restar abundancia y en suprimir algo cuando manteniéndolo y/o fomentándolo muestras más respeto a la tierra en la que vives, de donde eres o a la que has llegado?
'Es que en Alicante ya nadie habla valenciano', me dijo una vez una señora que, miren como son las cosas, trabaja ahora en un entorno en el que el idioma propio es clave. Pero allí, nadie. El argumento da muestra de una ignorancia tal que es como si alguien hubiera dicho que como aquí no se habla inglés, que no se aprenda. Un argumento ignorante y pobre. El valenciano, como otros símbolos, forma parte de una identidad colectiva como pueblo que no es caprichosa sino que forma parte de siglos de experiencias, vivencias y lazos compartidos. Y sí, también la lengua. Por eso, también cuesta entender la decisión de (primero Carlos Mazón y ahora Juanfran Pérez Llorca) cambiar de manera unilateral el color de la Generalitat del rojo al azul tras 40 años de consenso político , una decisión que no sólo carece de justificación y pone en riesgo la identidad colectiva del pueblo valenciano sino que, además, costaría una millonada a una administración pública que debería estar más centrada en reconstruir su tierra tras una devastadora y terrible dana.
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