Opinión
Por qué Trump ejerce de Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump, reaviva la presión para comprar Groenlandia como moneda de cambio del agravio por no conseguir el Nobel / Joey Sussman/ ZUMA Press/ DPA vía Europa Press
Muchos se preguntan por qué Donald Trump actúa como actúa. Por qué provoca, por qué exagera, por qué miente sin pudor o por qué parece disfrutar del conflicto permanente. La respuesta habitual suele ser sencilla y tranquilizadora, porque es imprevisible, porque no sabe, porque es un personaje.
Pero esa explicación es insuficiente. Para entender a Trump de verdad hay que mirar menos lo que dice y más “desde dónde lo dice”. Y ahí es donde cobra sentido la teoría que George Lakoff desarrolla en No pienses en un elefante. Porque Trump no habla a la razón, habla a algo mucho más profundo le habla a la moral y a las emociones. Entiende que la gente no vota por sus intereses, votan por su identidad, sus valores y por aquellos con quienes se identifican.
A todos nos gusta pensar que tomamos decisiones políticas de forma racional que comparamos programas, analizamos datos y elegimos lo mejor. La realidad es que la mayoría decidimos en función de cómo nos hace sentir un líder, de si nos transmite seguridad, protección o fuerza. Estos son sus marcos mentales sus formas de entender el mundo que se activan con palabras, gestos y símbolos. Y Trump lo sabe.
El modelo de Trump es el del padre estricto, queparte de una idea sencilla la de que el mundo es peligroso. Hay amenazas por todas partes y, si nadie impone límites, todo se desmorona. En ese escenario, el padre no está para dialogar ni para comprender, sino para “mandar, castigar y proteger”.
Trump se presenta exactamente así. No como un gestor, ni como un mediador, ni como un político al uso, sino como alguien que llega para poner orden. Da igual que hable de inmigración, de comercio o de política internacional, siempre hay un problema y un culpable. Y, por supuesto, siempre hay una mano dura dispuesta a actuar, él.
Por eso sus mensajes funcionan. Porque no ofrecen soluciones técnicas, ofrecen alivio emocional, la sensación de que alguien fuerte está al mando.
Una de las preguntas más repetidas es por qué a Trump se le perdonan cosas que destruirían a cualquier otro político. Mentiras evidentes, contradicciones constantes, exageraciones grotescas. Desde la lógica no tiene sentido, pero desde el marco del padre estricto sí (la verdad importa menos que la autoridad).
En ese modelo al padre no se le exige precisión, se le exige firmeza. No importa tanto si tiene razón como si transmite poder. Trump no necesita ser coherente, necesita parecer dominante, y cada vez que rompe una norma, que insulta o que desafía a las instituciones, refuerza su papel ante los suyos, el de alguien que no se deja controlar.
Para muchos de sus votantes, eso no es un defecto, es una virtud.
Trump no busca la calma ni el consenso, vive del conflicto, lo necesita. Sin enemigos, su relato se cae, el conflicto es su combustible. Por eso siempre hay alguien contra quien luchar: los inmigrantes, los medios, Maduro, China, los jueces, incluso antiguos aliados como la UE y Groenlandia. Es más si no los hubiera se los tendría que inventar para seguir viviendo en el conflicto que alimenta su ego y su relato.
No es improvisación, cada enfrentamiento refuerza la idea de que el mundo es hostil y de que sólo él puede proteger a “los suyos” al gran pueblo americano, el faro que ilumina la civilización.
Y es que no se puede combatir un marco usando su mismo lenguaje. Cuando los adversarios de Trump se limitan a decir que “miente” o que “no protege”, lo único que hacen es activar el marco del padre estricto… y reforzarlo. El error es entrar en su marco mental ahí él siempre gana.
Trump consigue que todos hablen de él, con sus palabras y desde sus categorías, y mientras eso ocurra, seguirá dominando el relato, gane o pierda elecciones.
Trump no hace lo que hace por locura ni por ignorancia, lo hace porque conecta con miedos reales, con inseguridades profundas y con una forma muy arraigada de entender el mundo.
Sin salirse de la tradición Republicana y sus cinco pilares (Defensa fuerte, Mercados libres, Impuestos bajos (para sus compatriotas claro), Menos gobierno y Valores familiares) él la lleva al extremo por eso combatirlo sólo con datos, escándalos o indignación moral es insuficiente.
Hasta que no se ofrezca un marco alternativo igual de claro y emocionalmente potente, seguirá habiendo millones de personas que prefieran a un padre estricto que grita… antes que a un líder que explica.
Y sólo llevamos un año de mandato.
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