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Opinión | Traspapelado

València

De batallas culturales con tirachinas

Que se quiten unos que vienen los otros. ¿Proyectos? Eso, más tarde si acaso. Primero, los nombres. Lo de siempre. Luchas personales. Pocos, ocultos y peleados. La 'cultureta' de siempre

Gestores del MuVIM y responsables políticos en una exposición reciente.

Gestores del MuVIM y responsables políticos en una exposición reciente. / Raquel Abulaila

Los escritores no somos casi nada, o, mejor dicho, somos casi tan solo lo que hemos escrito”. La frase es de Héctor Abad Faciolince. De su último libro, cargado de fragilidad y despedidas. Sirve para cualquier forma de arte. El mensaje se suele olvidar. Para eso somos humanos: para olvidar y ejercer de presuntuosos envalentonados. Pensaba en la frase estos días, ante tanta metralla dialéctica sobre lo de David Uclés y Arturo Pérez-Reverte. Ante tanta vanidad. A estas alturas, supongo que ya habrán tomado partido. ¿Son de uno o de otro? Las terribles dos Españas. Las imagino riéndose en la puerta. Igual tienen el mismo defecto de fábrica que yo: leo argumentos de unos, y los comprendo; escucho los de la otra parte, y también. ¡Qué mierda de vida no nacer con todo claro! Por supuesto que fastidia que se blanquee el fascismo con debates y mesas donde parecen al mismo nivel el represor y el reprimido. Pero también debería ser posible alguna vez hablar de manera civilizada, sin apriorismos ni prejuicios. ¡Qué mal cerramos la puerta del franquismo! La habitación continúa apestando 50 años después.

¡Qué mal cerramos la puerta del franquismo! La habitación continúa apestando 50 años después

Daba vueltas también a la frase de Faciolince a raíz de la muerte de Remigi Palmero. Él sí que la tenía profundizada. Posiblemente demasiado. No dejo de preguntarme qué le faltó a Remigi Palmero para ser un grande, un supergrande. No lo conocí. Tampoco escuché su música en el momento. Brecha generacional. Su nombre empezó a decirme algo al leer en cada lista de los mejores álbumes valencianos Humitat relativa. Entonces busqué. Y he vuelto estos días. Y sigue siendo una maravilla. Me he colgado estos días de un par de canciones: Ràdio Alger y Deixeu-me sol. Parece un prodigio indescrifable que alguien las hiciera hace casi 50 años. Tan modernas, tan completas, tan abiertas de mente. Con una lengua y una cultura ni siquiera en pañales. Escuchas y no dejas de preguntarte cómo se ha creado tanta gloria alrededor de algunas canciones simples de la ‘movida’ mientras el olvido crecía como matas bordes sobre Remigi Palmero. Dice mucho de la cultura y del arte. Creo que Remigi Palmero descubrió todo eso que no decimos de la cultura y el arte y dejó ese tren pasar. Para seguir su camino solo. Casi olvidado si no llega a ser porque se ha muerto. Todos deberíamos admitir alguna culpa.

Remigi Palmero.

Remigi Palmero. / Levante-EMV

Pensaba en todo esto mientras en los diarios leo las últimas batallitas con tirachinas de la cultureta. Lo del Micalet y los museos de la diputación, digo. Siempre estas guerras entre los pocos que somos en una cultura necesitada de la respiración asistida, siempre en problemas. Que se quiten unos que vienen los otros. ¿Proyectos? Eso, más tarde si acaso. Primero, los nombres. Lo de siempre. Luchas personales. Pocos, ocultos y peleados. Deixeu-me sol, como dijo Remigi Palmero. Sí, deixeu-me sol, que vull omplir-me del silenci. Y somiar tot lliureEsas tres palabras resumen la creación. Y en la mayoría de ocasiones ya sabemos cómo acaba el sueño.

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