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Opinión | Bombeja Agustinet!

Fortín

Matturro, eufórico, celebra el gol de la victoria con sus compañeros

Matturro, eufórico, celebra el gol de la victoria con sus compañeros / Germán Caballero

Se ganó la final al Elche con la épica de las grandes noches de fútbol, con el chasco del empate franjiverde en el 93, corregido en el último aliento del partido por el testarazo de Matturro, que recordó a Postigo y al Oviedo. Vibraron las vigas de hormigón pretensado del viejo Nou Estadi. Hubo “llumenetes”. Cosas del derbi. “Mi abuelo en el pasado, contigo quiso estar…”. 100 años de Vallejo, que ya no está, pero se siente, bajo el asfalto. Vallejo, Vallejo… El vetusto Vallejo también vibraba. Siempre vivo en el imaginario levantino, en los anhelos de la grada, en los cánticos. Vallejo, al pasar por el Pont de fusta, justo donde ahora está, en aquel epicentro de nuestro fútbol, la Federació Valenciana de Futbol, con su flamante, cómo no, “Àgora Vallejo”, donde esta semana se celebró el impresionante acto de homenaje al feudo blaugrana. Un viaje, conducido por José R. March y Emilio Nadal, a aquel tiempo que echó el cierre en el 68, pero que vive en Orriols y en el alma del club, forjada con el estoicismo de nuestros padres y abuelos. “Mi abuelo en el pasado…”. Y si tu abuelo no estaba, no pasa nada. Todos sabemos lo que subyace ahí: respetar las raíces, ser conscientes de cómo hemos llegado hasta aquí. Esas cosas que nos dan un plus. Para ganar partidos. Para sobrevivir.

Se ganó la final de Elche. Tras la destitución de Calero y la reacción del equipo, todo se ve de otra manera, todo se ve posible. Ahora el Llevant está vivito y coleando, con sus 17 puntos y un partido menos. Sí, es contra el Villarreal, es cierto. Habrá quien piense que mejor no contar con ello, pero incluso ese partido parece que se puede ganar ahora. Todo cambió para que pudiera emerger la calidad que esta plantilla siempre tuvo. Hay quien aún no lo entiende, ni lo entenderá aunque vaya 60 años a un estadio, pero los entrenadores son esenciales. E-sen-cia-les. Ahora podemos ganar a cualquiera. Ahora jugamos a fútbol, con criterios tácticos, con balón parado, con valentía, con otra actitud. A cualquiera. Incluso al Atlético del Cholo, que llega tocado, tras el fiasco europeo. Ahora todo es posible. Incluso reconvertir Orriols en un fortín. El que nos dará la permanencia.

Cronista Laínez. Con cuatro títulos de Liga, seis de Copa y dos de Supercopa en sus vitrinas, el Llevant femenino atraviesa el peor momento de su historia. Y pese a ello, la notable mejoría del equipo tras la llegada de Andrés París permite albergar la esperanza de salir campeonas de la miniliguilla contra Alhama y Dux, y obtener la permanencia. Sería la mejor forma de poder encarar un futuro distinto (y más que merecido) al que se cierne sobre la sección, pese a la compleja coyuntura societaria y financiera de la entidad. Todo ello, precisamente, en el año que Josep Carles Laínez está dejándonos una colección de crónicas para enmarcar, en las páginas de Superdeporte. Ojalá en los trece partidos que restan pueda escribir el relato de nuestra salvación. Ojalá todo el levantinismo pueda seguir sintiendo, en los años venideros, el justo “orgull granota” de nuestras pioneras. Por el primer equipo femenino y por todo el encomiable trabajo de cantera que hay detrás.

Tay Abed tiene 21 años y desde 2021 ha estado en el filial del PSV. Sostener que el Llevant muestra un gesto de complicidad con el genocidio palestino por fichar a un sefardí de pasaporte español (internacional sub-21 con Israel) es un despropósito. ¿Imaginan señalar, por Trump, a todos los estadounidenses? ¿Qué les parecería hacerlo, durante 40 años, con todos los que vivían en la España de Franco? ¿O no fichar vascos, en su día, porque “todos eran de ETA”? Esperemos que sencillamente Tay entienda dónde está, que sea respetuoso con la sensibilidad de una inmensa mayoría de los valencianos por la situación en Palestina y que nos dedique grandes tardes de fútbol.

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