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Opinión

Llargues: El juego de reyes y el rey de los juegos

Presentación de la Lliga de Llargues

Presentación de la Lliga de Llargues / FEDPIVAL

Cuando resaltamos la hermosa realidad de un amplio número de trinquetes con actividad profesional en La Marina, reflejamos los frutos de un trabajo callado pero constante que permite renovar la afición. Y si alguien analiza las razones primeras de esa vitalidad concluirá que este hermoso árbol es el fruto de una semilla plantada un 28 de diciembre de 1982, en la sede de la Diputación Provincial de Alacant por un grupo de locos aficionados, convocados por el diputado Miguel Valor. Meses después, en marzo de 1983, se ponía en marcha la Lliga de Llargues. Participaron en aquella primera edición un total de 25 pueblos, la gran mayoría de la comarca de La Marina. Como dato curioso, un equipo de Cantón de Abanilla, de la provincia de Murcia. De eso hace 43 años. Hace unos días, en el Museo Arqueológico de la Diputación alicantina más de ochenta equipos representando a 34 poblaciones se reunían en el acto de presentación de la Lliga que empieza esta semana. Una inequívoca muestra de vitalidad.

El juego a Llargues presume de ser heredero directo de los juegos de la antigüedad clásica, de la feninde o de la urania, según se analicen frisos (feninde) con disposición de jugadores frente a frente esperando el saque y preparando el resto o se analice el lenguaje (urania) que parece conducirnos al juego directo de pelota. En todo caso este juego conserva un misterio apasionante: el tanteo con “rayas” del que ya se documentaba en el Tratado de la Palla del renacentista italiano Scaino, una peculiaridad diríase que universal. Presumen los herederos mixtecas de Oaxaca de conocer el sistema que cuenta “quinze y dos rayas”, como un día nos dijo el “marxaor” Felipe en el campo de juego de pelota de la universidad politécnica de la ciudad mexicana, afirmando que era el juego de Moctezuma…o como presumen los herederos tarascos del estado mexicano de Michoacán con reglamento escrito incluido, o los últimos valedores de la pelota “mamona” ecuatoriana o las partidas en las que apuesta un cura de Ibarra, en el norte ecuatoriano o la pelota criolla venezolana, con trabajos universitarios que reivindican su historia. A Llargues se juega cada año el gran premio de la Gran Place de Bruselas, bajo la atenta mirada de los reyes de la monarquía hispana de los Austrias…o el gran premio de Franeker (Frisia) en el campo situado junto a una taberna levantada por españoles, según testimonios de lugareños. A Llargues, o “pallapugno” se juega en la región valona y flamenca, en la Picardía francesa, en el Piamonte italiano, en la Liguria mediterránea y en La Toscana, donde juegan con la misma pelota y los mismos escenarios de calles estrechas con ventanas y balcones y tejados y personas como parte inseparable del juego. Y naturalmente a Llargues, o Bote Luzea se juega en las entrañas vascas. Vascos y valencianos se enfrentaron en Cartagena, ante las autoridades civiles y militares en 1755.

Toda esa carga histórica se mantiene con sorprendente vitalidad en las tierras valencianas. Aquellos que inician el torneo nacido hace más de cuarenta años se saben depositarios de una herencia de incalculable riqueza sentimental. Son los que sostienen contra el peso de la indiferencia y del menosprecio el deporte que fue el juego de reyes y el rey de los juegos.

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