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Opinión

València

A veces solo se trata de levantar la cabeza

Ahora que el fascismo queda lejos en el tiempo, la conciencia de clase se ha disuelto devorada por el individualismo y todo baja enredado en las aguas turbias de las redes sociales, esa inmensa minoría que cree que no se mete en política vuelve a pensar que el autoritarismo puede ser la solución si le trae orden

Protesta este viernes en Minneapolis tras las muertes de dos ciudadanos a manos del ICE.

Protesta este viernes en Minneapolis tras las muertes de dos ciudadanos a manos del ICE. / Adam Gray

Entre escuchar las noticias y salir a la calle antes de que las campanas inauguren el día, me decido por lo segundo. Los mirlos bailan confiados a esta hora en el parque buscando la primera comida del día. Arriba, un azul que empieza a serlo, presagiando bondades, y un rosa casi fucsia que se difumina como las nubes. El color más bonito del mundo. Dura unos minutos. Hasta que el sol se lo lleva. “Otro día de viento”, anuncia un vecino también mirando el cielo. “Que se lo lleve todo”.

Nueve segundos de gloria mientras amanece. Nueve segundos para el horror en el accidente de tren. “La vida es eterna en cinco minutos”, decía la canción eterna de Víctor Jara. Si el lapso entre un tren y otro hubiera sido más largo, todo habría sido menos sangriento. La fortuna exhibiendo su poder. Estar en los vagones peor parados y los escasos nueve segundos de margen son cosa de fortuna. Que las vías no estuvieran en condiciones no es cuestión de mal fario. Esa es la parte de las responsabilidades. El buen funcionamiento de los servicios (la política, en una palabra) va de estrechar los márgenes a la mala ventura. En eso llevamos 15 meses de aprendizaje en esta tierra de inundaciones.

El progreso es también ponérselo cada vez más difícil al azar. O a la providencia

En la sala de espera del hospital a veces piensas que el progreso es también ponérselo cada vez más difícil al azar. O a la providencia si practican la fe. Los científicos saben que su vida es un empeño contra los determinismos: aquello que dicta que determinada enfermedad solo puede conducir a un final. La ciencia es el rostro más luminoso del progreso. Por eso cuesta tanto entender cuando se cuestiona la ciencia. Son esos momentos de la historia en los que ganan las sombras.

Pero las sombras no son nunca para todos. Y al revés. Donde hay sombra, existe otra cara con luz. Leo a un señor centenario, de vida acomodada, decir que vivió muy bien durante el franquismo, aunque “otros las pasaron canutas”. Pero él tenía su buen trabajo, su buena vida y nunca se metió en política. Si te quedas en lo tuyo, si no importa lo canutas que lo pasen otros, en la dictadura se puede vivir bien, así es. Si no te preocupan derechos fundamentales, la justicia o poder decidir gobierno, si solo se trata de vivir con orden y llegar bien a fin de mes, la tiranía es un mal menor. La primera ley para la instauración de los regímenes autoritarios es el egoísmo y la segunda, el olvido: no mirar a los otros, no sufrir su dolor, no importar que otros las puedan pasar canutas. Girar la cara, olvidar y mirar tu casa y tu mesa bien provista. No meterse en política también es meterse.

Ahora que el fascismo queda lejos en el tiempo, la conciencia de clase se ha disuelto devorada por el individualismo y todo baja enredado en las aguas turbias de las redes sociales, esa inmensa minoría que cree que no se mete en política vuelve a pensar que el autoritarismo puede ser la solución si le trae orden, concepto que engloba algo más: seguridad económica, estabilidad y no un futuro lleno de interrogantes. Es lo que hemos visto en Estados Unidos. Es lo que vemos en cada encuesta predictora de nuestro futuro político. Los que piensan así cada vez son más.

No sé qué es mejor: dar la batalla desde el desconcierto o asumir que el día oscuro ya es inevitable y empezar a ordenar la resistencia y la alternativa

Y los demás observan el movimiento tectónico con desconcierto. Admito mis propias dudas. No sé en qué fase estamos y no sé qué es mejor: dar la batalla sin cesar o preparar el día siguiente; asumir que el día oscuro ya es inevitable y empezar a ordenar la resistencia y la alternativa, porque lo que venga no traerá soluciones, quizá solo la sensación de mayor orden (ni siquiera la realidad), solo un sentimiento común a base de gestos de fuerza, como el despliegue de militares y policías en ciudades de EE UU.

Caratula de la canción de Bruce Springsteen tras los tiroteos en Minneapolis.

Caratula de la canción de Bruce Springsteen tras los tiroteos en Minneapolis. / Levante-EMV

Cuando veo las imágenes de Minneapolis pienso qué hubiera sido en estos trágicos 15 meses de riada con un gobierno ultramontano al frente, dando la cara. Siempre hay margen para que todo hubiera sido peor, con menos transparencia, más oposición a la justicia, más oscurantismo y autoritarismo.

A veces solo se trata de levantar la cabeza para no dejarse llevar por el derrotismo. Como cuando caminas mirando los pies, alzas los ojos y encuentras un cielo eterno

A veces solo se trata de levantar la cabeza para no dejarse llevar por la aflicción y el derrotismo. Como cuando caminas mirando los pies, alzas los ojos y encuentras un cielo eterno o el esplendor de la vida. Una niña adoptada, de distinta raza que el padre, al que coge segura la mano. Al otro lado, la abuela. Los tres ríen camino del colegio. Incluso pasa en la sala de espera del hospital. Está casi llena, como es norma, y al lado se sienta una joven, poco más que adolescente. Posa en su regazo un sobre de plástico, lleno de papeles y alguna pastilla. Hace caminar los dedos sobre su frente, como apartando los nervios. Pero la enferma no es ella. Lo sé cuando se levanta para dar agua al padre, en una silla de ruedas al otro lado del pasillo. Noto un alivio por el error. Y una sonrisa se despega por la dulzura del gesto.

Levanto la mirada a las pantallas, me pongo los auriculares y me dejo ir con la voz de Bruce Springsteen. No olvidaremos los nombres de los que han muerto en las calles de Minneapolis. Un último himno de resistencia frente a la barbarie. Una llamada a abrir los ojos. Seguimos despiertos. Seguimos vivos. Aquí estamos. Las calles de Minneapolis lo han demostrado.

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