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Opinión | Desde que amanece

La dictadura del espejo

'The Beauty'

'The Beauty' / (FX Network).

Permítanme hoy un comentario un poco diferente para asomarnos a una realidad incómoda. He aprovechado el fin de semana para darle una oportunidad a ‘The Beauty’, la última propuesta del productor Ryan Murphy. El creador de American Horror Story despliega aquí su barroquismo habitual para adentrarse en una amalgama de obsesiones contemporáneas: el culto al cuerpo, el edadismo, la presión asfixiante de los cánones estéticos y una cura milagrosa a la supuesta fealdad. Todo ello aliñado con una trama de conspiraciones de la élite empresarial y erotismo explícito que apunta a que estamos ante un caballo ganador para Murphy y Disney.

Sin embargo, más allá de la pompa cinematográfica y el espectáculo de Murphy —y en una línea discursiva que ya trazó magistralmente Coralie Fargeat en La Sustancia—, ‘The Beauty’ se adentra en algo tan humano y tan actual como las inseguridades, el miedo a no encajar en una sociedad y hasta dónde estamos dispuestos a llegar por conseguir aquello que creemos que necesitamos para lograr un lugar en el sistema. 

 Resulta desolador que, en una era que debería estar marcada por la elevación del pensamiento, la formación o la conquista de metas intelectuales al gozar del mayor acceso a la información y la formación de la historia, el centro de gravedad social se haya desplazado hacia lo más puramente epidérmico y superficial. Ambas producciones radiografían el peso específico del físico como cotización al alza.

¿Puede la belleza ser la base sobre la que gire nuestro sistema de valores? La respuesta racional es un no rotundo; no obstante, es imperativo leer estas ficciones en clave de advertencia. En un presente donde las redes sociales actúan como tribunales de la imagen, los trastornos de la percepción y la alimentación no son distopías, sino epidemias silenciosas.

 La frontera entre la ficción y la realidad se ha desdibujado. Si en la pantalla nos seducen con sueros de belleza inmediata, en la vida real asistimos a la preocupante deriva de fármacos como el Ozempic y sus derivados. Diseñados originalmente con fines terapéuticos para combatir la diabetes y la resistencia a la insulina, estos fármacos han saltado del entorno clínico al mercado negro del adelgazamiento.

 Es el reflejo de la realidad social: preferimos el riesgo químico a la aceptación del propio cuerpo.

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La newsletter de Íñigo Roy / L-EMV

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