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Opinión | Algo personal

Dos caraduras

Cuenca, Mazón y Camarero.

Cuenca, Mazón y Camarero. / Levante-EMV

Si no fueran vergonzosamente reales, parecerían una de esas parejas que salen en algunas comedias cinematográficas. Si no fuera porque son un peligro público, podrían andar por los garitos de las playas alicantinas en invierno y verano inventándose diálogos surrealistas como hacían Tip y Coll y ganarse la vida como las personas decentes. Si no fueran una despreciable pareja, de esas que dejan regueros de mierda allá por donde pasan, hasta podrían haber sido dos políticos sin tacha y dejar un recuerdo de admiración y de respeto en el momento de su retirada. Pero Cuenca y Mazón han sido todo lo contrario de dos políticos sin tacha. Y lo siguen siendo porque, si hasta ahora vivían del cuento, van a seguir viviendo del cuento gracias a los privilegios que, demasiadas veces, la política institucional concede a políticos que han confundido aposta el interés común con el de sus bolsillos o los de sus amigos.

No digo -porque no lo sé- que Mazón y el que fuera su jefe de gabinete, José Manuel Cuenca, sean unos chorizos de la política, pero sí que digo que se lo han pasado en grande con nuestros dineros y así se lo van a seguir pasando en Alicante disfrutando de una oficina con vistas al mar, de coche y chófer, de dos asesores del expresidente uno de los cuales ya es el tal Cuenca hasta que se jubile. Atrás quedarán las 230 víctimas de la dana, las mentiras que sin ningún pudor nos fueron contando para ocultar su falta de escrúpulos, la complicidad de esos dos individuos y otros como ellos que seguirán tan tranquilos en sus cargos como si no hubieran roto un plato en su vida. Por ejemplo: Susana Camarero, la que fue leal escudo de Mazón y responsable de las residencias de mayores a las que abandonó, sin ningún recato, para asistir a una entrega de premios empresariales en las horas más insufribles de la torrentera.

Cuando escribo estas líneas, Mazón sigue de diputado con el permiso de su colega y sucesor en la presidencia de la Generalitat Juan Francisco Pérez Llorca. No acudirá a su trabajo parlamentario o acudirá apenas lo justo. Se quedará en su despacho alicantino sin hacer nada y cobrando una pasta que no se merece. Como tampoco se merece ese retiro emboscado en su condición de expresidente. No sé por qué existe ese privilegio: el famoso estatuto de expresidentes. Si miramos bien el plantel de esos ex nos puede dar un telele. No entiendo cómo no hay excepciones en su articulado que impidan que quienes han dejado muestras -incluso en términos de condenas judiciales- de sus fechorías puedan seguir gozando de esos tan injustos como injustificados privilegios.

Ahí tenemos a la pareja que encabeza esta columna. Hartos de reír deben estar ahora mismo. El uno sin asomar la jeta por ninguna parte y regando de estrellas los restaurantes Michelín que tanto le gustan. El otro, levantando como un boxeador victorioso, en un ring dominado por el tongo, el trofeo al que más móviles ha perdido del planeta en menos tiempo. ¡Qué poca vergüenza hay que tener para afirmar sin que se le mueva una pestaña que ha perdido los móviles que podrían llevarlo a la imputación y que se le borraron los mensajes cuando cambió un móvil por otro! Y todo en apenas unos días. O en unas horas. Y encima lo afirma en sede judicial. ¿Y no pasa nada? No puedo entender que no pase nada. No puedo entender que estos dos caraduras puedan seguir viviendo de la caja pública después de sus numerosas y crueles irresponsabilidades en la gestión de una tragedia como la del 29 de octubre de 2024.

La oficina de Mazón en Alicante.

La oficina de Mazón en Alicante. / Levante-EMV

Las huellas de esa tragedia no se han borrado con el cambio de presidente de la Generalitat. Para nada se han borrado. Mientras estos dos pájaros sigan viviendo en una jaula de oro y con las puertas abiertas, la gente decente no puede quedarse quieta. Tampoco la Justicia. El aforamiento y el estatuto de expresidentes no pueden ser una bicoca para quienes se han cachondeado de todo dios -sobre todo de las víctimas y sus familias- desde el minuto uno de la desgracia. No sé cuándo Pérez Llorca dejará de marear la perdiz y pondrá de patitas en la calle a Mazón para que deje de disfrutar de unos privilegios que son una auténtica vergüenza. No lo hará. Ya lo ha dicho bien alto y bien claro a la oposición y a las Asociaciones de Víctimas de la dana: la permanencia de Mazón en su asiento de diputado no es negociable. Pues entonces que se deje de cuentos y siga gobernando como hizo su predecesor: de la manita con Vox y a esperar las elecciones del año que viene si es posible con él mismo de candidato a la presidencia de la Generalitat. Eso, claro está, con el permiso del presidente de la Diputación de València, Vicente Mompó, y su campaña soc més de poble que les borregues y de un Francisco Camps con sus nostálgicas legiones en pie de guerra dentro del partido.

Mientras tanto, quienes ya pasan de todo son esa pareja de vividores que han convertido la política y el sufrimiento de tanta gente en un infame juego de trileros. Pero, también mientras tanto, las calles seguirán gritando una exigencia irrenunciable: ¡Mazón a prisión! Ese, y no un despacho de lujo en Alicante, debería ser el destino de un personaje a quien su nuevo jefe sigue protegiendo él sabrá por qué razones hasta ahora decididamente inconfesables. ¿Mazón a prisión? Me apunto al grito, ¿vale? Y tanto que me apunto. Y tanto.

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