Opinión | Cargar la suerte
En la muerte de Fernando Esteso, la celebración de su supervivencia
Ese humor, ahora mismo, amenazado como está, e incomprendido como se encuentra, representaba el camino virtuoso de la heterogeneidad y de la heterodoxia en personajes de la talla de Esteso

El actor Fernando Esteso, en una imagen reciente / EFE
A sus 80 años, Fernando Esteso todavía celebraba su propia supervivencia. En el teatro, en el cine y en la propia vida, cuando en los últimos años le acompañaba su inseparable bombona de oxígeno. Oxígeno también era lo que él mismo representaba, una especie de ascendencia evolutiva en el humor.
De rango cervantino, gustaba articular en sus actuaciones una serie de complejas interferencias entre la ecuanimidad y la locura, entre lo auténtico y lo diáfano, entre lo pulcro y lo turbio, muy apoyado en el chiste verde y la picaresca de la época.
Su forma de actuar
Su teatro no contaba historias, pero sí un estado de ánimo, el ambiente donde se juntaban unos seres que compartían la arriesgada aventura de estar vivos, de celebrar la vida.
Desenredar la madeja argumental de un artista como Esteso puede suponer malograrla. Pero Esteso actuaba para ese lugar donde pueden alojarse las soledades, los infortunios, la sombra de los perdedores, las frustraciones que asedian a esos personajes que se han ido reencontrando por los extramuros de la razón, testimonio todos ellos de una España que estaba cambiando.

Pajares y Esteso en una escena de la cinta ‘Los bingueros’. / Flixolé
Su figura simbolizaba una época de la que se está desenganchado la sociedad. Que ya padece un apagón mediático, con algunos códigos inasumibles en el comportamiento de los iconos sociales hoy en día dentro de una comunidad hostil e infantilizada. Quizá ese humor, ahora mismo, amenazado como está, e incomprendido como se encuentra, representa el camino virtuoso de la heterogeneidad y de la heterodoxia.
Su legado
Si entendemos que el teatro es también un sistema de alianzas con la vida, un modo de ser, la gran ventaja de Esteso se identificaba en su razón de ser embrionaria hoy en día: la ruptura, la transgresión, la incomodidad que provocaba, su capacidad escandalizadora con un humor de caricatura y exageración, con ese tono de picaresca sexual y chascarrillo que se admitía entonces.
En la herrumbre que también parece devorar la historia, Esteso era Esteso. No habrá otro igual. Su campo de atracciones temáticas quedaba reducido a él. Nada nuevo, o nada que no sea de una hereditaria obviedad, en su muerte.
Pero deja como legado ese humor que traía vasos comunicantes donde los lugares y las personas aparecían y reaparecían, se perfilaban y se borraban, vivían y morían con sistemática indeterminación. Sin filtros ni contaminación alguna. Dentro y fuera del teatro. "Fue un rebelde sin causa", lo definían unos amigos íntimos en la mañana de su muerte. Y esa rebeldía lo llevó hasta el último día.
Suscríbete para seguir leyendo
- El antiguo cauce del Turia tendrá que esperar para llegar hasta el mar
- Usuarios de la línea C2 en Xàtiva: 'Ya no puedo coger el tren que necesito, ahora me tocará pedirle a un familiar que me lleve
- Una inversión de nueve millones reformará el paseo marítimo de Cullera para reforzar su protección frente a los temporales
- Varapalo definitivo al Ateneo: el ayuntamiento rechaza el recurso para legalizar su terraza
- Particulares piden de manera fraudulenta hasta mil euros por empadronarse en Gandia
- Se vende exclusivo piso con piscina privada en el barrio del Botànic de València
- El Consell rechaza retirar el sueldo público y los derechos vitalicios a los expresidents
- Unas 200 personas se concentran en Valéncia para exigir mejoras en la seguridad ferroviaria
