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Opinión | Va de bo

Un camino de unir sin uniformar

De la invisibilidad televisiva de los años 70 al reconocimiento actual, la pilota valenciana ha recorrido un largo camino

Marc i Àlvaro Gimeno durant aquesta Copa Caixa Popular

Marc i Àlvaro Gimeno durant aquesta Copa Caixa Popular / FEDPIVAL

En el año 1968, cuando la televisión empezaba a llegar a todos los hogares de España, las atenciones deportivas no diferían mucho de las actuales. Los domingos , a las 19 horas,el partido de futbol en directo; en julio las etapas del Tour de Francia con Julio Jiménez y Felice Gimondi, y, cada jueves, baloncesto, con el Real Madrid, por supuesto. Empezaba el tenis a tener cierta relevancia, con Juan José Castillo y aquel “entró entró”. Ah y el hockey sobre patines, por aquello de que éramos una potencia mundial junto con Portugal y Argentina, si no recuerdo mal. Las tardes del domingo eran de radio, con Carrusel Deportivo y Juan de Toro promocionado el anís , “ su presencia siempre agrada”. ¿Y la pelota? Recuerdo que la pelota, la vasca, por supuesto, tenía su espacio en los televisores, con un tablero de resultados deportivos del domingo en el que se incluía el llamado torneo de Federaciones. En aquella televisión, seguro estoy que nadie conocía ni pizca de pelota valenciana. En la actual, tampoco. En aquel tiempo se identificaba pelota vasca con el frontón o juego indirecto y la pelota valenciana, con el juego directo. Esa era la percepción diríase que unánime.

Volvamos a Televisión Española, la única que había en aquel icónico 1968. Con los comentarios de Juan Carlos Cárdenas se televisó en directo la final del manomanista que enfrentó a Atano X contra Azcárate, un guipuzcoano contra un vizcaíno. Se retransmitía desde el frontón Anoeta, de San Sebastián, con el protocolario y litúrgico canto del Angelus. Las tierras vascas eran entonces el vivero de los seminarios de todas las órdenes religiosas. ¿Y alguien se preocupaba de la pilota valenciana? Nadie. Cuatro trinquetes destartalados, sin dinero para pintar las paredes, con urinarios infecciosos y pendientes del “A on tirem”. En las calles había desaparecido como manifestación lúdica. Llegó la figura histórica de Genovés y el comienzo de las competiciones de pueblos. Y todo coincidiendo con la apertura hacia la democracia que nos llevó a la autonomía política. En ese contexto, acaparada la Federacion Española por la pelota vasca, nació la Federació de Pilota Valenciana al amparo del Estatut d’ Autonomia. Tuvo las atenciones institucionales y mediáticas que nunca antes había tenido. Sin llegar a ser lo que fue, el Joc de Pilota ha crecido exponencialmente, en infraestructuras, competiciones y presupuestos. La apuesta por elegir un camino propio ha sido claramente ganadora. Hoy, la pilota valenciana es reconocida a nivel nacional e internacional y está en condiciones de pensar a lo grande. Son muchos los ojos que miran con admiración la luz que se emite desde Valencia, con capacidad y estructura para, desde la humildad, traspasar las fronteras y unir manos creativas que permitan, desde el respeto a la diversidad que no tuvo en su tiempo la Española, recuperar el espacio perdido por el Juego de Pelota en tantos y tantos territorios. Quizás entonces vuelva a televisarse por la Primera, la final del manomanista vasco…y valenciano. Quizás haya fuerzas para competir con el hockey sobre patines Y el Juego de Pelota, Joc de Pilota recupere el calor que emite la identidad. Ojalá haya dirigentes que entiendan que unir no es uniformar y que el respeto a las diversidades nacidas de la historia es el mejor camino para el abrazo que sume

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