Opinión
Weltpolitik
Fascismo cuántico, populismos digitales en los que parecer es más importante que ser. Cuenta con el capital y la desvergüenza para hacer que el embuste se convierta en realidad

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Francis Chung - Pool via CNP
Complicado va a resultar, en adelante, dominar el tempo político, la confrontación que responde a estrategia, ya sea para mantener el poder o asaltarlo. Complicado será si a la política «nacional» uno o una se limita. Sigue existiendo todavía porque la ciudadanía vota en un país y no en otros. Pero ésta es cada vez más internacional y las costuras de los partidos quizá se vean en los posicionamientos sobre temas que explotan a miles de kilómetros.
Cada mañana las radios abren con la última ocurrencia del nuevo dictador mundial, Donald Trump, obstinado en acabar con la democracia en su país y allí donde tenga intereses económicos, que es en el mundo entero. Ha bombardeado siete países y sus ambiciosas garras miran a Groenlandia y Canadá, además de apoyar posicionamientos antidemocráticos en Hungría, Alemania, Brasil o España. Nadie está a salvo y por eso la política «patria» debe responder a los embistes del imperio.
Contra el asedio exterior, unidad. Funcionó históricamente e incluso se buscaron rivales artificiales para consolidar el bloque interno. Ahora, ante el asedio trumpista algunos deberán elegir entre nación o ideología, entre unidad patria o intereses partidistas. Eso va a marcar, dado el intervencionismo imparable e irracional de EEUU, la agenda política interna.
Es lo que tiene el fascismo mainstream, que usando el cambio cultural facilitado por el mundo digital tiene capacidad para convertirse en cuántico y asumir la omnipresencia a través del entrelazamiento. Fascismo cuántico, populismos digitales en los que parecer es más importante que ser. Cuenta con el capital y la desvergüenza para hacer que el embuste se convierta en realidad. La emoción al acecho de la razón, desde Washington y para el mundo entero. No hay personaje más peligroso que el inestable y esa incertidumbre gobierna hoy el interconectado mundo en el que todo parece sujeto con alfileres.
Goethe acuñó el término «Weltliteratur» en alemán para referirse a una literatura que dejaba de ser nacional para pasar a ser mundial. «El concepto de literatura nacional ya no tiene mucho sentido; ha empezado la época de la literatura universal, y todos debemos esforzarnos por colaborar al despliegue de esta literatura». El paralelismo es obligatorio. El concepto de política nacional ya no tiene mucho sentido; ha empezado la época de la política universal. A diferencia de la literatura, la política es universal por su alcance pero no por su interés. Responde solo a preguntas particulares que quieren que hagamos nuestras. Una patraña. Weltpolitik.
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